domingo, 4 de mayo de 2014

Matrix o la mente humana.





Matrix o la mente humana


Matrix es una película en la que los seres humanos han perdido la guerra contra las máquinas, y estas han confinado a la inmensa mayoría de la raza humana a permanecer conectada a un gigantesco dispositivo que extrae  energía eléctrica de cada cerebro para que las máquinas puedan vivir. Para que  no haya rebeliones se ha inducido a cada persona una fantasía, que es la vida que vivimos. Por tanto, según el argumento, no vivimos en la vida real sino dentro de una ficción que parece real.
Hace muchísimo tiempo que Platón ya nos dijo que no captamos los acontecimientos como son, sino que tan solo vemos sombras sobre la pared de una caverna. La realidad, suponiendo que tal cosa exista, se nos escapa como el agua se escurre entre las manos. Hoy sabemos que no vemos las cosas como son, porque por ejemplo todos los colores más allá del violeta o por debajo del rojo no son captados por el ojo humano, de la misma  forma que el oído tampoco capta los ultrasonidos. Más allá de eso, los seres  humanos construimos representaciones del mundo que nos rodea y, aunque parezca mentira, no actuamos directamente sobre la realidad, sino sobre esos modelos simbólicos.
El mundo, tal y como lo percibimos, no existe.
Platón tenía razón, pero lo que no nos dijo es hasta qué punto estas sombras que vemos son diferentes para cada persona. Últimamente la ciencia ha comenzado a dejar de estar tan interesada en el estudio de la memoria para interesarse en el estudio de los recuerdos, y nos hemos dado cuenta de que la memoria episódica, la que registra los acontecimientos, dista mucho de guardarlos con fidelidad. El cerebro comprime y distorsiona lo que nos ocurre construyendo sentido. Y por eso, por ejemplo, todos tenemos recuerdos falsos. Cosas que no sucedieron exactamente como las recordamos, sino que fueron modificadas por la mente para encajar dentro de un argumento. Del argumento de nuestras propias vidas.
La conclusión de todo esto es que el ser humano vive en una especie de burbuja que es el contexto de su propia subjetividad: vivimos en Matrix.
La buena noticia es que a menudo pensamos que vivimos en un mundo de cifras y letras donde las cosas son exactas, medibles y objetivas, pero en realidad, afortunadamente, eso no es cierto. O al menos no lo es completamente, porque todo es interpretable y porque todo depende de quién sea el que analice un determinado acontecimiento o un comportamiento, y por supuesto la situación en la que se encuentra un equipo o una empresa.
Tanto si las cosas nos van muy bien como si nos van muy mal siempre es bueno recordar lo relativo que es todo, y siempre es bueno dejarse contagiar por las visiones que de la misma realidad tienen otras personas. Comprender estos hechos y profundizar en ellos es una de las claves de la comunicación, de la construcción de conocimiento compartido y de la cohesión grupal.

Publicado por en Liderazgo.