sábado, 14 de noviembre de 2015

El Yagé y el Jajañ forjadores del saber y tradición indígenas.


ETNOBOTANICA EN EL VALLE DE SIBUNDOY
El yagé y el jajañ forjadores del saber y tradición indígenas

VALLE DE LA PUERTA DEL SOL:  TABANOK

Haciendo historia el Valle de Sibundoy fue una hermosa laguna poblada en sus colinas aledañas de indígenas Kamsá e Ingas, que posteriormente fue desecada para convertirla en tierra de cultivo.

En 1.535 cuando llegaron los tenientes Juan de Ampudia y Pedro de Añasco, encontraron a estos pueblos indígenas organizados tradicionalmente, con lengua propia y cultura propia ubicados en aquel tiempo al pie donde empezaban las colinas y montañas.  Allí vivían y a dicho espacio lo denominaban TABANOK, que quiere decir:  "el lugar de origen"1, hoy conocida como el casco urbano el municipio de Sibundoy.  En la medida que iba madurando la Madre Tierra, ellos iban desarrollando sus propios sistemas de cultivar la fauna y la flora,  en la parte plana hasta donde lo  permitía la ciénaga de la laguna que estaba secando.
Estos primeros pobladores tuvieron que soportar todos los efectos de la "conquista" y en épocas de la Colonia les correspondió volver a heredar su tierra en calidad de Resguardo, gracias al trabajo del cacique Carlos Tamabloy (1.700), quien le compró a la Corona Española una gran extensión de tierras, entre lo que hoy se conoce como Nariño y Putumayo.
Desde entonces, la influencia de la inmigración colona cambió el curso de la historia indígena del Alto Putumayo iniciando un proceso de transformación cultural y social.  no obstante, luego de periodos críticos a través de la historia la convivencia ha sido pacífica entre el colono y el indígena.
Restos arqueológicos encontrados en los alrededores del Valle de Sibundoy, testimonio de grupos precolombinos de hace 600 años después de Cristo hasta la época de la Conquista Europea en el siglo XVI, hacen presumir que los Ingas arribaron por el sur desde el Perú, lo que lo hace parte de la familia lingüística quechua.  De los Kamsá aún no se ha establecido bien, puesto que su filiación lingüística no encaja en los grupos de la Zona Andina y Amazónica, por tal motivo se ha dado espacio para crear diversas versiones de su origen o ascendencia2.  Entre ellas, la que más aceptada es la que declara su ascendencia polinésica.
COMUNIDADES INDIGENAS DEL VALLE DE SIBUNDOY LOS KAMSA
Los Kamsá habitan en la parte baja del municipio de Sibundoy y en parte del municipio de San Francisco, son aproximadamente 5.000 individuos según el último Censo establecido en la región; actualmente, algún sector de la comunidad aún conserva su indumentaria y su lengua, otros han optado por vivir, vestir y hablar cotidianamente como los colonos.  De carácter pacifico como sus antepasados cultivan la tierra, son en su mayoría de escasos recursos económicos.  Reconocen y ratifican a las autoridades tradicionales indígenas, para que independientemente de las autoridades municipales conozcan y ordenen los asuntos familiares y sociales de la comunidad y apliquen sanciones menores usuales entre ellos.  Reciben apoyo del gobierno para que mejoren sus condiciones de vida y logren un desarrollo acorde con el contexto en el que viven.
Son los mejores sabedores de las plantas medicinales y mágicas, el Yagé ocupa el más importante lugar entre las plantas mágicas, se le considera poderoso.
COSMOVISION
La cosmovisión de comunidad Kamsá es vista como una totalidad de cuerpo-alma-espiritu, unión compartida con sus elementos materiales que entra en diálogo interrumpido con su forma de pensar, de ser, de obrar y de actuar en conexión con la madre tierra, la naturaleza y el respeto comunitario, con las plantas, animales y personas.
Con su lenguaje ceremonial muy amplio y el profundo apego con sus creencias y sus orígenes, con sus normas de comportamiento todas dirigidas hacia la familia en el valor del respeto, en darle sentido a la vida partiendo de la unidad en relación con el destino del universo, interiorizados y transmitidos de generación en generación, en la vida cotidiana del bien común, no siendo individualista, ya que los taitas mayores no lo fueron.
Su pensamiento dentro de la unidad con relación al hombre a la naturaleza, se ejemplariza con la formación de cuadrillas, grupo de personas que trabaja comunitariamente en donde no existe obligatoriedad, mejor como símbolo de amistad dando a entender que el espacio no es propiedad de nadie, es compartido.  Esto se explica con el principio de reciprocidad, donde no hay compromisos adquiridos.
Como quiera que en toda sociedad existen actitudes negativas, la comunidad Kamsá no es ajena a ellas, siendo lo más característico la envidia, el egoísmo y en algunos integrantes completa desidia por el futuro de su comunidad y del mundo común, aunado esto a crecientes problemas de alcoholismo.
Tierra de los Taitas
La Tierra para el indígena tiene carácter femenino, juego un papel fundamental y es la representante de la gran MAMA, que tiene muchos hijos, plantas, animales, etc.  y que les enseñó que juntos forman un complemento con la naturaleza, con espíritu de pensamiento colectivo humanitario, que debe rescatarse, como enseñanza fraterna.  Esta serie de enseñanzas poco a poco se han ido perdiendo, absorbidas por la transculturación de los pueblos.
Vemos entonces, que territorio y cosmovisión están ligados, que es la misma forma de pensar y que le da sentido a sus vidas.  De esta manera han construido su identidad, su sentido de pertenencia de pertenencia a través de la socialización han dado a conocer su origen, territorio, cosmovisión, lengua, sus procesos históricos portadores de una verdad sagrada para relacionarla con los otros; esa identidad hace que los una al mundo natural, a su hábitat, a su diferencia, a sus experiencias vividas de cuanto les rodea.
En las pocas chagras o jajañ que aún conservan algunos indígenas, con toda la biodiversidad que les caracteriza (en momentos en que los monocultivos amenazan con crear serios inconvenientes medioambientales), están representados el mundo espiritual y el mundo material, el hombre y la mujer, la cultura y la naturaleza.  A través de las plantas los Kamsás entienden el principio y el fin de la vida, las fuerzas naturales que allí emergen con todo su poder y son las que le dan toda la sabiduría en un mundo fuera de toda realidad científica, preñado de un gran poder, donde han desarrollado una tradición oral de observación aguda y memoria para ser aprendida por las generaciones futuras.
LOS INGAS
Los Ingas han sido reconocidos tradicionalmente como comerciantes, seminómadas, artesanos y especialistas del chamanismo, con gran sabiduría de plantas medicinales y enteógenas3.  La labor del comercio ha sido quizá uno de los factores fundamentales para sus migraciones, desplazándose a lo largo y ancho del territorio andino, llevando consigo plantas medicinales y saberes médicos.
Al igual que las culturas indígenas amazónicas, la Ingana gira en torno al consumo del yagé, punto de partida de su cosmovisión y su medicina.  Utilizan además, otras plantas mágicas y enteógenas de la selva como el yoco, chuchuhuasa, chondures, cabalonga y coquindo; su sistema mágico-religioso está fuertemente ligado al jaguar, la anaconda y los loros animales también de la selva.
Para los Ingas, el sabedor de la comunidad recibe el nombre de Sinchi y se asemeja al chamán.
ASPECTO CULTURAL
La simbología artesanal, la melancolía la música, el mito de la medicina vegetal, no se expresaron solo como la acumulación de actitudes y saberes, sino como la expresión del pensar y del sentir individual y colectivo de una educación integral.  Son llamativos los trabajos del arte que realizan como parte de la expresión viva y alegre dentro de las ceremonias y festividades, sea como instrumentos decorativos o implementos de disfraz.
Tallado en madera.
Las máscaras o caretas son talladas en sauce o ciprés, preferiblemente, también usan cedro, cedrillo, cancho y otras maderas.
Así mismo, elaboran flautas, rondadores, quenas, zampoñas, elaborados en caña de tunda o tundilla, además bombos o tambores hechos con cuero de vaca.  Todos estos instrumentos musicales, para acompañar melodías andinas.
Tejidos
Realizan tejidos tradicionales como sayos y fajas, ambas coloridas y con gran expresión artística, imitando un lenguaje simbólico en sus dibujos.  Estos los realizan en un telar manual denominado "guanga".
También tejen "jigras", que son bolsos elaborados en fibra para utilizarlos en viajes largos, al igual que hamacas y atarrayas.
Cestería
Utilizando palma de la montaña y totora, elaboran tapetes, esteras, aventadores (que son instrumentos caseros para avivar el fuego), canastos tradicionales, otros de adorno y uso diario.
Carnaval, música y danza
El Carnaval Indígena del Valle de Sibundoy es una de las ceremonias más importantes que se la realiza cada año, antes de Semana Santa, donde la principal atracción es el ritual del gallo, en el cual los participantes demuestran su valora arrancándole la cabeza a un gallo que ha sido previamente amarrado a una especie de castillo.  En esta ceremonia hay una representación simbólica basada en imágenes variadas que expresan burla, ironía, pánico, descontento, tristeza, risa y enfado; sus rostros van cubiertos con esta gran variedad de imágenes e indumentaria muy colorida que simbolizan fiestas, alegría o gusto.
Plantas usadas como colorantes
Los artesanos indígenas, principalmente las mujeres utilizan los siguientes materiales vegetales para sacar la tintura, algunas veces reemplazando a las anilinas y pinturas modernas:  Del pasto kikuyo se extrae el color verde pastel; de la remolacha el color rosado; de la hoja de lengua de vaca el color habano; de la flor de carnaval, que es de color rojo vivo, se obtiene el rosado; del tallo del barbacoano con pepa de gallinazo que es de color negro, resulta el color gris; el barbacoano con flores de amaranto rosado-fucsia, a el color café claro; de raíz de la sandona colorada con lengua de vaca, da el color verde caña; el tallo negruzco de la arracacha da el color morado; la achira da el color negruzco y la raíz de ésta con las cortezas de mofilón da el color café.
ETNOBOTANICA DEL YAGE.  Banisteriopsis caapi.
Etnoshistoria del yagé
El yagé es una liana o bejuco que entra en la composición de la bebida conocida como Ayahuasca, término quechua castellanizado desde la época colonial, y llamado yagé, al igual que la liana.  La liana por sí sola no produce ningún efecto enteógeno.  Es necesario utilizar un aditivo para buscar el efecto psicoactivo.  Actualmente se conocen más de 90 especies vegetales repartidas en 38 familias (de las que una cuarta parte son plantas por sí mismas enteógenas)4.
Se conocen más de 72 grupos culturales amazónicos que consumen esta mixtura vegetal, siguiendo sus ancestrales tradiciones, la mayor parte de ellos situados en la parte occidental de la Selva Amazónica.
Muchos fueron los investigadores, misioneros y aventureros que tuvieron la experiencia con la bebida enteógena Yagé, también llamada pildé, capi, natema y otros nombre slocales asignados según la comunidad que la utiliza.
El verdadero descubrimiento y la correcta identificación de la planta se debieron al botánico británico Richard Spruce en 1.852.  Asistiendo a una fiesta en la zona del río Vaupés fue testigo de que los participantes bebían un brebaje verdusco - pardo, muy amargo, preparado con una planta trepadora denominada caapi.  A esta planta la denominó Banisteria caapi.  Sólo hasta 1.858 el botánico alemán Grisebach publicó este descubrimiento en un tratado sobre las malpigéaceas y nombró correctamente a esta especie como Banisteriopsis caapi (Spr.  Ex Griseb.) Morton.
Otro de los aventureros, Manuel Villavicencio, en 1.850 escribió que los indios Záparos, Anguteros, Mazanes y otras tribus del Alto Napo usaban ayahuasca:  Una droga productora de visiones, usada para la hechicería, la brujería, la adivinación y para hacer brujería.
De todas maneras fueron muchas las referencias de aventureros que afirmaban haber probado una bebida similar a la descrita anteriormente en muchos lugares de la amazonía.
A partir de 1.883, empiezan las dudas respecto a la identificación.  Muchos años pasaron antes de comprenderse que ayahuasca y yagé aluden a la misma planta.
En 1.886, Spruce tuvo noticias de que en algunas regiones de la amazonía la bebida se preparaba sola o con varias mixturas.
En 1.890, se presentaron complicaciones relacionadas con la correcta identificación de las plantas utilizadas para hacer el brebaje, cuando el misionero Magelli, informó que los indios jíbaros consumían una bebida embriagante llamada natema.  Aparentemente Magelli confundió el término natema (que se refiere a la Banisteriopsis) con el de maicoma (un narcótico del género Brugmansia, Solanácea).
En 1.894, Paul Rivet ofreció la identificación del nepe utilizando por los indios Colorado del Ecuador y la pinde de los Cayapas, como B. caapi.
A principios de siglo el etnólogo alemán Theodor Koch - Grunberg distinguió dos clases de caapi utilizadas por los Tucano, una que representaba a la B. caapi y otra que no identificó.
En 1.905 un viajero colombiano, Rocha, quien había visitado a los indios Inga y Siona, habitantes a lo largo de los ríos Caquetá y Putumayo, informó que la planta era un "arbusto pequeño" o "liana" y que no adquirió especímenes porque los nativos se rehusaron. Cuando estos aborígenes querían usarla como alucinógeno y no como purgante lo mezclaban con otras plantas, particularmente, con la chiripanga, que posiblemente se trataba de un miembro de las Solanáceas, género Brunfelsia.
Otro explorador, Whiffen, informó que al norte del Caquetá, el narcótico era conocido como caapi y al sur del mismo río como ayahuasca.
El antropólogo francés Reinburg, quien había realizado investigaciones sobre los indios de la región amazónica del Perú, comprendida entre los ríos Napo y Curaray, sostuvo que dos plantas diferentes formaban  parte de la preparación de la bebida.
Aparentemente, fue en 1.922, que en el territorio del río Beni, Bolivia, se informó por primera vez de la existencia de la ayahuasca.  White identificó definitivamente la ayahuasca como Banisteriopsis caapi.
Un explorador botánico belga, Claes, estudió el yagé entre los indios Coreguaje y Witoto del Sur de Colombia.  Sus trabajos indicaron que el yagé no era como, se había descrito hasta entonces, un "arbusto pequeño", sino una enorme liana de la selva virgen.  Señalo que los pedazos del tronco y de la corteza machacada del yagé se hervían y que después se agregaban el tallo y las hojas de una planta que los indios no permitieron que él viera.
El primer estudio taxonómico serio, desde el descubrimiento fue publicado en 1.931, cuando el botánico estadounidense Morton describió una nueva especie de Banisteriopsis en Colombia, llamándola B. inebrians.  Sostuvo también, que al menos tres especies se empleaban como alucinógenos en el Putumayo:  B. caapi, B. inebrians y B. quitensis.
En 1.957, Schultes analizó los intentos históricos por identificar las fuentes de los narcóticos malpigeáceos, y concluyó, con base en una evaluación bibliográfica, notas relativas  a especies herbáceas y sus propios estudios de campo, que las especies usadas eran B. caapi, B. inebrians, B. quitensis y B. rusbyana (conocida ahora como Dyplopteris cabrerana).
Cuatrecasas reconoció a la B. caapi, B. inebrians, y B. rusbyana como especies empleadas en la preparación del brebaje llamado ayahuasca, caapi y yagé5.
El yagé en el Valle de Sibundoy
Uno de los enigmas de la etnobotánica amazónica es el hecho de que los indígenas reconocen diferentes "clases" de varias plantas; ahora bien, expertos botánicos y taxónomos consideran que es imposible separar dichas "clases" en especies o, incluso, en variedades.  Esta situación particular es especialmente común en el caso de la B.  caapi.  Lo que no deja lugar a duda es que, en la mayor parte de los casos, los indígenas pueden identificar la "clase" a una distancia considerable sin haber sentido, probado u olido la planta.
En el Valle de Sibundoy, el yagé es pilar dentro de la cosmovisión de los indígenas y sonlos taitas quienes manejan esa fuerza.  Cuando se les pregunta en que consiste conocer el mundo o como se conoce, responden:  "a través del yagé.
Sería incompleto hablar del pensamiento indígena del Valle de Sibundoy, sin mencionar el "Saber del yagé, legado de sus antepasados selváticos, que les permite no sólo conocer la vida secreta de todos los componentes del mundo (natural, humano, divino) para tener una vida más armónica, sino también les sirve como transmisor vivencial y permanente de su cosmovisión.  Es un saber que se vuelve palabra, que se teje en la cotidianidad y se vive en un devenir espiritual.  Es saber simbólico y es arte.  Por lo tanto, el saber es vivencia y acción simbólica, es comprensión para estar de acuerdo con el mundo, es iluminación y armonía social, que hace presencia en la vida diaria del indígena y donde el principal protagonista es el taita o sabedor, no solamente como curado de males corporales, sino como artista de equilibrios sociales y de convivencia con la naturaleza.  Esta liana enteógena, selvática, considerada como el "bejuco del alma" o "la liana de la sabiduría", con su "espíritu" pone en contacto a su aprendiz con el mundo de lo natural y de lo sobrenatural a través de los "sueños" que produce su brebaje; le transporta el alma a lugares inaccesibles a su cuerpo y le enseña, a su vez, los remedios que le obsequia la naturaleza para curar sus dolencias.  Con la guía del maestro que a través de sus cantos milenarios conecta el alma con los "sueños", con las visiones del espíritu selvático del bejuco, el aprendiz conoce, de la forma vivencial desde los más detallados secretos del mundo natural, hasta los mitos de los antiguos, determinante en la visión del mundo de su pueblo.  Una visión  del mundo enseñada por la naturaleza, sus ciclos, por los sueños de la liana que vivencia la existencia de varias dimensiones de la realidad, formando un todo unido que pide solamente reconocimiento y respeto de todas sus partes para mantenerse en equilibrio y crecer.
Estos saberes, transmitidos de generación en generación por los curacas que desde épocas prehispánicas conocen las virtudes del "bejuco del alma", han permitido a los indígenas del Valle de Sibundoy sobrevivir tanto física como culturalmente, a través de los siglos.  Físicamente, porque enseñan una relación respetuosa, de equilibrio con la naturaleza que ha asegurado su elemento y culturalmente, porque mantiene vivo su pensamiento, que se perpetúa a diario en el cultivo de la chagra.
El mito del yagé
«El mito es palabra de verdad porque es palabra de conciencia... Las palabras dichas por los taitas son palabras confiadas y confiables porque develan.  En este sentido todo mito es verdadero máxime si nos atenemos a ese bello tropo oculto en la palabra griega aletheia (verdad) que tan bien ha explicado Heidegger:  a = sin, letheia = de Letos:  ese río de las sombras, ese ámbito velado del inframundo.  Aletheia sería no un resultado sino un camino, un sendero develador, una acción descubridora y como es medio y no fin, nunca ha de lograrse de modo absoluto.  Toda verdad  es sólo sugerencia.  Todo mito sugiere»6.
Entre los indígenas del Valle de Sibundoy y del Bajo Putumayo, se escuchan narraciones sobre el mito del yagé.
"En un principio, la Tierra estuvo a oscuras, poblada de todos los seres vivos, incluido el hombre, pero este carecía de inteligencia y erraba a tientas buscando el alimento.  Una noche, realizando esta tarea, el Sinchi Yachac, tropezó con el bejuco del Taita Yagé, lo partió justo por la mitad y lo dio a probar a las mujeres y tuvieron la menstruación.  Cuando los hombres lo tomaron, quedaron extasiados viendo como el pedazo que les sobró empezó a crecer y a trepar hacia el cielo.  Poco a poco, las sombras tomaron contorno y las siluetas comenzaron a dar pequeños destellos, en el fondo del cielo vieron que el yagé penetraba en una flor inmensa que al ser fecundada se transformó en el sol.  De allí bajaron los hombres del sol, cada uno tocando una melodía, que se transformó en un color distinto cuando llegaron a la tierra dispersándose y cada uno depositó la luz y el color en cada ser y cuando el mundo estuvo iluminado, toda esta sinfonía de colores y de música hizo brotar el entendimiento en los hombres, creándose la inteligencia y el lenguaje" (Taita Miguel Chindoy, Kamsá)
De igual manera se relata como se descubrió el yagé:
"El yagecito fue descubierto por unos indígenas que atravesaban una montaña de un vecino, a la pérdida de otra montaña, más los que vivían tras esa montaña serían cuatro o cinco personas; esto es por el Bajo Putumayo, tierra caliente y como allí la tierra es tupida, no se puede observar a larga distancia.  Por allá las montañas son limpias.  Como allá las montañas son limpias, como allá hay bastantes árboles grandes e inmensos, el espacio del monte es vistoso.  Entonces cuando iban, uno se quedó atrás haciendo sus necesidades biológicas.  Los demás se fueron adelante.  Al ir detrás de ellos, por el lado del camino escuchó que conversaban; él veía que por ahí no había gente, entonces, empezó a correr, para alcanzar a los demás, pero se percató de que cerca de donde hablaban, había un árbol cargado de bejucos.  Tomó algunos pedazos y fue a alcanzar a sus compañeros y les contó lo que había sucedido.  Juntos prepararon una bebida y al tomarla se emborracharon.  En su borrachera escucharon una voz que les decía:  "Les habla el Yagé, donde cogieron el bejuco, allí mismo hay un árbol que se llama chagropanga, éste es de mezclarlo y cocinarlo con el otro, entonces, ese puede ver visiones, yo hago el efecto de purgar, limpiar el organismo y la hoja de chagropanga sirve para ver las visiones, eso va en conjunto para los saberes.  Ya es para la borrachera, pero no se pierde el sentido." (Taita Martín Agreda, Kamsá)
Estos textos identifican clara  y simbólicamente la historia del yagé.  El hombre indígena descubre la sabiduría del yagé y la influencia simbólica, de fuerza, y poder para adquirir su sabiduría.  Con el "espíritu del yagé, que penetra el pensamiento, descubrieron en él su interioridad espiritual y su situación de ánimo físico.
EL YAGE:   PLANTA SAGRADA
Cultivo
Por ser una especie vegetal cuyo hábitat está en las selvas cálidas tropicales de la amazonía, los curacas Ingas del Bajo Putumayo, siembran dentro del monte el bejuco.
Para sembrar las diferentes clases de Yagé se busca un suelo apropiado junto a la sombra de un árbol el cual se abona con material orgánico.  Ahora bien, el efecto deseado depende del sitio donde se sembró.  Si la liana crece en lo espeso de la selva o cerca de lugares despejados; si la zona en que se encuentra es lugar sagrado o embrujado; a que distancia está la planta de un río o de una cascada.
Las mujeres tienen completamente prohibido pasar por delante de la planta donde está creciendo y especialmente durante el período de la menstruación o cuando están embarazadas, hasta cuando la edad de la planta oscile entre 5 a 6 años, estado en que se puede cortar para prepararla.
Preparación y uso
El yagé, entre los indígenas del Bajo Putumayo, se prepara conociendo la edad del bejuco; de acuerdo al grosor del tallo; también es necesario saber la parte de la planta de donde se va a tomar el material vegetal; si la bebida con que éste va a prepararse será consumida en un ritual curativo o en un ritual mágico - religioso.
Luego, el pedazo escogido se corta en pedazos, se machaca con un mazo en cantidad de media arroba, luego se mezcla las hojas de Chagropanga, Banisteriopsis rusbyana, se pone a hervir en 10 litros de agua hasta que se reduzca a sólo 5 litros.  Es recomendable hacer esta preparación dentro de la montaña.  Cuando está todo debidamente preparado se invitan a varias personas a participar de esta experiencia.  Es indispensable que las personas que asistan a este ritual, hayan guardado dieta, consumido únicamente líquido y no alimentos sólidos, porque perjudica la efectividad del tratamiento.
Cuando queda todo listo para el día siguiente y a la altura de las 10 de la noche, el curaca se viste con ropa buena, se pinta la cara para iniciar el Ritual de la toma de yagé, trae el líquido en presencia de los participantes en una totuma grande.  El curaca procede en la siguiente forma:  En la mano derecha toma la flautilla Guairachinga y en la otra una totumita pequeña con una capacidad de 5 copas de aguardiente.  El curaca canta el ritual y comienza a suministrar el bebedizo a todos los asistentes, a la vez desea buena suerte por la efectividad de este remedio.  Luego en el aire un ramo de hojas de huairasacha, árbol considerado mágico que crece en el Bajo Putumayo para sacar y alejar los malos espíritus cuando el líquido está bien preparado tiene una consistencia espesa y de 20 minutos a 2 horas comienza a coger la borrachera.  El alucinamiento depende de la clase de yagé.
Mientras los participantes están en el proceso de alucinamiento, el curaca sigue cantando y bailando dentro de la sala.  El último proceso del ritual, empieza a las 4 a.m. y termina a las 6 a.m. luego de que el curaca efectúa la limpieza del cuerpo de todos los pacientes.  Si en el proceso de limpieza el curaca se da cuenta de que alguien está enfermo hace un diagnóstico e inmediatamente procede a preparar el remedio con plantas medicinales.
A pesar de que el yagé es utilizado para los mismos fines, entre los indígenas del Valle de Sibundoy la situación y el contexto cambian, ya que se pasa de una zona selvática a una andina.
Tanto los Ingas como los Kamsás inician el ritual en las horas de la noche y utilizan otros elementos para completar el rito.
Algunos taitas Kamsás, encienden una vela que debe durar toda la noche prendida, si esta se apaga, existe la creencia de que el ritual no tendrá una buena representación simbólica, en otras palabras no habrá "pinta", ni alucinaciones, únicamente hará el efecto de purgante; además el ritual se realiza alrededor de una fogata, aunque otros lo hacen simplemente en un salón grande; utilizan un ramo de hojas de huairasacha, y a cada "medida" le soplan humo de tabaco, le silban y le cantan.  Al terminar la sesión, el paciente es soplado y chupado con una mezcla de bulbos de chondor y aguardiente, según dicen los taitas para limpiar el espíritu del participante.
Los Inganos experimentan de manera similar el rito, cambia al inicio de la sesión cuando a cada participante se le da una pepita de chondor para que la mastique y sea comida antes de ingerir la bebida; también cuando en el punto más alucinante de la sesión, el taita toma un cuarzo y lo pasa por todos los integrantes reunidos y lo hecha en la taza grande donde se encuentra el líquido, esto le sirve para diagnosticar enfermedades.  Al finalizar la sesión, para hacer la limpieza a los participantes, en primer lugar, el taita, da un jarabe de las siete hierbas para purificar los pulmones y por último hace masticar kurivinán, utilizado para la buena suerte.
Según Ignacio Vergara7, si nos acercamos a participar de este ritual con conciencia de "blancos", lo haremos en forma dominadora y controladora queriendo descubrir placeres y nuevas formas de excitación, lo cual chocará con la espiritualidad del momento, además porque la experiencia misma del yagé es dura a nivel orgánico y psicológico.  Una vez que la persona llega a la toma tiene que enfrentarse al choque cultural.  Los olores, los sabores, las escupidas, la falta de higiene, de acuerdo a nuestros valores "higiénicos" de salud.  Sin embargo, una vez sueltos todos nuestros temores y el control que ejercen nuestras pasiones occidentales, la experiencia y la sabiduría de los taitas son refrescantes y logramos adquirir una valoración y confianza de sus métodos.
Clases
Según Pedro Juagibioy se pueden distinguir los siguientes tipos de yagé:
Cuando el tipo de yagé que se toma es el monohuasca, se siente mareo en la cabeza, el cuerpo liviano, pero no se pierde el sentido, se miran cosas que nunca se han visto en la vida, como montañas en la mitad de una sala, una cadena de colores.  Vale la pena anotar, que no a todas las personas les da lo mismo, otras miran, casas, mesas, gente, luego se le aparecen monos de distintas clases, aves, personas ausentes, sin embargo, todas estas reacciones y manifestaciones dependen de la intencionalidad de quien vive la experiencia.
Cuando el tipo de yagé que se toma es el corehuasca, lo primero que se mira es el tigre Jaguar, por esta razón, también se conoce con el nombre de tigrehuasca.
Cuando es el intihuasca lo primero que se mira es el colibrí o picaflor y en los oídos se escucha un zumbido como el batir de alas de un insecto.
El amaron o culebrahuasca, es el más terrible y peligroso. La alucinación comienza de la misma forma que las anteriores, con la diferencia que en este se miran víboras en la mitad de la sala, que se van acercando y que se envuelven en el cuerpo de quien lo toma amenazando con morderlo.  Luego cambia el alucinamiento y observa un fogón grande, lleno de gente, dando gritos.
Cuando es la ayahuasca, al principio el efecto es el mismo que los anteriores, luego se produce una variante que consiste en oír el sonido de un tambor y de flautas.  Se observa mucha gente.
Cuando es el rayotruenohuasca se inicia el alucinamiento observando en la sala un relámpago y a los pocos segundos escuchan ruidosos truenos.
Todas estas clases de yagé se comportan como purgantes, produciendo vómito y diarrea.
 LA CHAGRA O JAJAÑ EN LA COSMOVISION INDIGENA
Jajañ, como prefieren los indígenas Kamsás que se llame a las Chagras Tradicionales, es "el lugar donde está presente y vigilante el pensamiento, el respiro y el ánimo de nuestros mayores", "es la cuna y el pensamiento del indígena".
El cultivo del jajañ comprende un gran caudal de conocimiento sobre el medio natural:  los astros, la inmensa diversidad de tierras y aguas, el comportamiento de las plantas y los animales, la bondad de materiales constructivos y abono.  También habilidades en el uso productivo de estos elementos en agricultura y ganadería, medicina y veterinaria, protección contra pestes y enfermedades8.  Estos saberes, que devienen de un proceso de acuciosa observación, experimentación y transmisión de muchos siglos, forman parte de un sistema coherente inspirado en una cosmovisión propia, en una manera de mirar el mundo, y de gozar el paisaje, pues, «paisaje es el resultado de la apropiación de la naturaleza por el hombre, es un producto cultural; los modelos nativos de manejo ambiental no se refieren únicamente al ordenamiento del paisaje; articulan experiencias y conocimientos con la organización de la sociedad, cristalizando manifestaciones culturales registradas en arquetipos vernáculos, la mitología, el ritual, el chamanismo»9.
Los habitantes indígenas del Valle de Sibundoy, por su condición de mediadores entre las tierras bajas y altas, presentan rasgos culturales tanto andinos como selváticos.  En el pensamiento Sibundoy la tierra es la Pachamama andina y el uso del Yagé es el camino hacia su íntimo saber.
Para el indígena, el mundo es un todo vivo y todos los seres que lo componen (los humanos, los entes sobrenaturales y la naturaleza) están interrelacionados, están en comunicación.  Los elementos de la naturaleza, sean árboles, piedras, ríos o cerros, casas o chagras, todos tienen su vida interior, su vida secreta, su propia personalidad, capaz de comunicarse con el hombre a condición de que sepa abrirse a ellos y tratarles con sensibilidad.
La armonía del cosmos es óptima si hay equilibrio dentro de los componentes del universo y entre ellos mismos.  Equilibrio entre la sociedad humana y naturaleza:  Si el hombre respeta la naturaleza reconociendo las características propias de su vida, de sus ritmos y se adapta a ellos, la naturaleza mantendrá su equilibrio y dará al hombre lo que él quiere recibir de ella.  El mundo indígena es un mundo animado y el hombre es hijo de la tierra, parte de ese universo animado, a diferencia de la visión occidental en que el mundo aparece como un mundo máquina, destinado a ser manejado por el hombre.
La tierra es vida y fuente de vida, es la madre universal, la Pachamama.  La tierra es la madre que nutre, protege y sustenta a los seres humanos.  El trabajo es un culto a la tierra y jajañ es su templo.  El jajañ y todo lo que él representa, desde la semilla y la planta hasta la cosecha, merecen el respeto y una dedicación responsable.
"Todas las plantas tienen su espíritu"  (Taita Martín, Kamsá, Sibundoy).
"Las platas que tenemos aquí eran de mi padre... cuando se estaba muriendo, ellas se fueron muriendo.  (Mercedes Cuatindioy; Inga, San Andrés).
"Las plantas medicinales se siembran separadas...  cada una tiene su poder. las que tienen el mismo poder se pueden sembrar juntas.... el ají no se siembra con las medicinales.... las maticas sienten.... tienen vida como uno". (Salvador Buesaquillo, Kamsá).
"A los ancianos no les gusta que se corte la tierra.  Todos las labores se hacen con machete y se siembra con madera, con el "chakin".  El azadón no es bien visto porque al cortar se hiere la madre... la chagra permite la relación con una madre que siempre está frente a uno...  no sólo es algo que produce plantas y cuida animales... es madre creadora de todos...  por eso los ancianos nunca consideraron la tierra como dinero".  (Egidio Muchavisoy, Kamsá).
De la cosmovisión centrada en la tierra, personificada y divinizada como la madre universal, resulta una relación del hombre con su medio natural de diálogo y de respeto.  De ello resulta una tecnología benévola, respetuosa que fomenta la vida profunda de los cultivos y toma en cuenta la vida secreta de todas las cosas del medio natural, humano y divino.  La intervención del indígena en el mundo natural, el trabajo de la tierra, es un verdadero diálogo y una crianza.  En este diálogo cariñoso y respetuoso, las cosas y el hombre mismo se llenan de vida y florecen.  Esta crianza es simbiótica, mientras se cultiva la chagra, se cría el ganado, éstas crían al hombre dándole vida.  Es una relación no violenta, no sujetando la naturaleza por la fuerza sino ganando su voluntad y siempre teniendo en cuenta que el hombre es tan parte de ella como las plantas, el agua, los astros, los animales y el mundo sobrenatural.
Jajañ es en pequeño lo que la naturaleza es en grande.  Es un espacio reducido donde se cría en desorden.  Es un bosque tropical de cultivos:  es lo que podríamos llamar un bosque tropical.  Con base en la riqueza cultural, los pueblos indígenas, tanto andinos como selváticos, inventaron un sistema de agricultura que se originó en la domesticación de una gran variedad de especies de plantas, simulando la composición de un bosque natural.
La estructura de las chagras en el Valle de Sibundoy, presenta un dosel compuesto de árboles de 5 - 10 metros de altura.  Entre los principales árboles pertenecientes al primer nivel se encuentran:  Nogal, Macó, Motilón, Ciruelos, Aguacate, Capulí, Moquillo.  Estos frutales comparten el dosel con Eucaliptos y Sauce utilizados como barrera rompevientos.  En el nivel intermedio se encuentran árboles de 2 - 5 metros de altura:  Chilacuán, Guamos, Sachaporoto, Tomate de árbol, Lulo o naranjilla, Plátanos, Naranjos, Duraznos, Peras, Manzana, Reina Claudia, Chirimoya El nivel inferior o herbáceo está compuesto de plantas que crecen entre la superficie del suelo y los dos niveles.  Encontramos aquí:  Maíz, Plantas aromáticas y medicinales, Arracachas, Moras, Achiras, Uchuvas, Xanthosomas, al menos 5 especies (Sixe, tumaqueño, barbacoano, cuna), Papas, Habas, Alverja Guasimba, Col, Repollo.  De las ramas de los árboles descuelgan enredaderas como:  Frijol tranca, Frijol matambre, Granadilla, Curubas, Maracuyá, Sidrayota.  Por el suelo crecen Calabazas y Zapallos que de vez en cuanto trepan a los árboles.
Esta imitación cultural de la vegetación natural balancea con notable eficacia los efectos del clima y permite, de la mejor manera, la utilización de la luz, el sol y el suelo.
Según F. Correa, las chagras o jajañ son objeto y medio de producción fundamental, su utilización equilibrada vía el complejo sistema de preservación ecológica, lo transforma en medio de producción y reproducción social.  son sofisticados taxonomías nativas de suelos de cultivo, de econichos, o de clasificaciones etnobotánicas lo que evidencia una profunda experimentación en busca de un adecuado manejo del territorio conservado10.
Las chagras son autosuficientes y en algunas ocasiones los subproductos pueden ser vendidos en las plazas locales.  Por otra parte, el tamaño de las chagras y la especial protección que les brindan los grandes árboles, limitan la devastadora acción de los vientos, además poseen zanjas en los linderos y dentro de ellas mismas, lo que permite evitar encharcamientos debido a la alta precipitación con la que adolece el Valle en algunas épocas del año.
El cultivo de jajañ
Alrededor de la chagra se siembran árboles con frijol tranca, que sirven de cerca viva, tumaqueños (Xanthosomas) que aguantan mucho agua y borrachero (Daturas)11 muy característicos de la zona andina.  Los borracheros hacen buen abono, botan muchas hojas, no dañan la tierra, evitan la peste en las gallinas y protegen la chagra, "hacen sentir respeto" dicen. El borrachero, como el Yagé, es un enteógeno con un "espíritu muy fuerte".  La variedad de borracheros en el Valle de Sibundoy es enorme, son muy pocas las chagras que no tienen su presencia.  Se utiliza no sólo para entrar en contacto con el mundo sobrenatural, sino también, como insecticida orgánico.  "Para evitar la plaga y el malhecho se machaca el borrachero con ají rocote... se mezcla y se riega por toda la chagra... también se mezcla  la ruda con eucalipto y se  riega el maíz ya seco en rama... para que el maíz no se gorgojee antes de la siembra, se pasan las semillas por agua de borrachero".  (Salvador Buesaquillo, curaca Kamsá).
Para cultivar el jajañ, ante todo se mira la Luna (en Kamsá Joashkon "aquello que le dan la vuelta"), sus concepciones míticas han determinado algunos comportamientos culturales.
Según los indígenas, tanto Ingas como Kamsás, las fases de la luna indican los quehaceres en la chagra:
"Luna tierna:  no se hace nada, no se debe cosechar frutas, durante el 1 y 2 día de luna, es buena época para deshierbar, del 3 al 4 de luna y del 7 al 13, días de siembra.  El 5 de luna no se debe hacer nada, si se trabaja se llena de hormigas el cultivo ... se pueden sembrar flores pero no plantas de alimento porque salen "vanos".
El resto de la creciente se puede trabajar ... es el mejor tiempo para podar frutales.  Del 5 de luna en adelante se cosechan las plantas medicinales".
"Luna llena:  se relaciona con la buena o mala suerte para el trabajo en las cuadrillas, para adquirir fuerza en los brazos; los árboles frutales cargarán en abundancia si la víspera de la luna llena les hechan tierra.  Durante la luna llena, es muy buen momento para trabajar en la chagra... se hace deshierbe nocturno... si amanece claro se sacuden las plantas para despertarlos... se arreglan, se les quitan las hojas secas... momento de poda y de hechar abono... es el mejor día para curar... las medicinales tienen todo su poder..."
"El segundo día de menguante, cuando todavía la luna se ve llena, es el día de la suerte, de curar, de componer, de aprender... el tercer día es día de no hacer nada."
"Luna nueva:  Se aconseja en esta época no sembrar maíz, pues únicamente crecerán plantas largas con frutos vanos.  Es bueno sembrar a los 3 ó 6 días semillas de arracacha para que las raíces tengan muchos hijuelos".  (Testimonio  Ingas y Kamsás).
AGRICULTURA EN EL JAJAÑ
En las chagras o jajañ también se observan principios de agroecología  y de un manejo integral de la naturaleza, practicándose formas de agricultura alternativa.
"Para hacer jajañ, se siembra todo parejo... maíz, achira, calabaza, frijol, zapallo... primero, se siembra el maíz, si es con frijol, con frijol... luego, se siembran las arracachas y los sixes... los sixes se siembran en forma de caracol, la parca grande se siembra en el centro y las otras alrededor... cuando se va cosechando, se va sembrando..." (Rosa Cuatindioy, Inga).
"Se siembra entreverado, siempre guardando la misma distancia... las plantas se protegen unas con otras:  Yo tengo un café que le cuelga granadilla, una reina Claudia que le cuelga calabaza, un tomate que le carga frijol, un Chilacuán que le cuelga pepino, un limón que carga frijol..."  (Vicente Jajoy, Inga).
"La Sidrayota y la granadilla se siembran con el moquillo y al sauco le gusta  el frijol."  (Salvador, Chindoy, Kamsá).
"Las plantas medicinales se siembran lejos el ají... son plantas que tienen espíritus encontrados... cuando el curaca está aprendiendo con yagé, no puede comer ají... las plantas que curan no crecen cerca del ají (Taita Avelino Chicunque, Kamsá).
En las chagras selváticas la técnica es la "tumba y quema", en el Valle de Sibundoy es la de "tumba y pudre".  La chagra no se siembra todo el tiempo sino que se deja siempre un pedazo con arvenses que a los dos años se vuelve a utilizar, esto claro está en jajañes que abarquen algo mas de dos hectáreas.  Fuera del "compost" que se produce con el rastrojo, se utiliza también el estiércol de cuy y de gallina para abonar la tierra.
Para el indígena del Valle de Sibundoy, el maíz es el alimento por excelencia y se le tiene enorme reverencia.  No hay jajañ que no tenga la presencia del maíz.  Es el cultivo que asegura la vida desde siempre.
Desde épocas milenarias, "el maíz es Regalo de los dioses.  Para los nativos americanos, representaba el vegetal más importante en la dieta alimenticia del Nuevo Mundo, siendo además el cultígeno que facilitó la adopción de la agricultura, como base principal de la economía prehispánica12.
Para sembrar el maíz, la tierra se abre con un "chakin" (palo de madera con punta), antes se sembraba 7 granos por hoyo, luego 6 y ahora 4 o 5.  En general se siembra en el hoyo una semilla de frijol o de haba.  No se siembra en línea recta pero se va manteniendo la misma distancia entre mata y mata.  El terreno se ve limpio, sin rastrojo, pero no tiene surcos.  El rastrojo no se recoge sino que después de la limpieza se debe amontonar en zigzag dentro de la chagra y una vez se pudre, se riega alrededor de las matas de maíz.
"En abril y mayo es la siembra propia... una vez sembrado el maíz, a los tres días bota la "aguja", a los ocho días tiene dos "hojas", y en junio, se hace la primera deshierba y se le alza la tierra.  A los dos meses, en agosto, se hace la segunda deshierba, en octubre, cundo se pone amarillo, se deshoja, en noviembre se cosecha.  Siempre hay buen maíz para la chicha del carnaval".  (Pedro Juagibioy, Kamsá).
Sin embargo, también es común observar dentro del jajañ algunos cultivos sembrados por surcos, tal como maíz, arracacha, pero siempre en asociaciones.
Es de anotar que, aunque es mínima la diferencia entre la composición de la chagra Ingana y la Kamsá, su gente trabaja distinto.  El Kamsá usa el machete bajito, es decir, a ras con la tierra y amontona el rastrojo de forma muy ordenada.  El Ingano usa el machete más alto y deja la hierba desordenada en la chagra dejándola en el sitio a que se pudra.  Posteriormente, igual que el Kamsá, la utiliza como abono.
Animales en el chagra
Así como se observa una gran diversidad de plantas, en las chagras o jajañ los animales domésticos deambulan sin ningún impedimento, es común observar perros que además de servir de compañía cuidan la propiedad; gallinas, patos los que se alimentan de piedrecillas, gusanos, lombrices, arvenses; cerdos alimentados con tumaqueño (Xanthosoma sp.) y sidrayota; en la cocina de la casa, se observan  carretear cuyes, los cuales son alimentados con hojas de maíz y las restos de las mazorcas, con cáscaras de papa y de plátano.
Ocasionalmente se ven ardillas, raposas y normalmente gorriones, golondrinas, gallinazos.
¿Por qué estudiar la agricultura tradicional en las comunidades indígenas?
El estudio de la agricultura tradicional no es nuevo.  Los antropólogos han estudiado sociedades indígenas y sus sistemas agrícolas a lo largo de diversas regiones geográficas por más de un siglo.  Los modelos tradicionales de subsistencia en diversas comunidades agrícolas indígenas han sido objeto de estudios y análisis detallados teniendo en cuenta los saberes acumulados, las habilidades y las técnicas13.  En los tiempos actuales en donde la agricultura se moderniza, los saberes de los sistemas tradicionales y la lógica de los mismos se está perdiendo.
En esta agricultura tradicional se presentan tanto habilidades para sortear riesgos, mezcla de especies que se mantienen simbióticamente como "manejo" racional de los recursos naturales que pueden permitir desarrollar estrategias agrícolas más apropiadas, más sensibles a las complejidades de los procesos en los diferentes hábitats, especialmente en las muchas deficiencias que afectan a la agricultura hoy en día.  Y es que la agricultura debe ser tomada desde «el manejo de los recursos en una relación necesaria del ser humano-sociedad-naturaleza, para la obtención continuada de satisfactores tales como los alimentos (las plantas sintetizan nutrientes), la salud (plantas medicinales) y la visión cultural antropogénica que las comunidades tienen de sus vegetales»14.
Los saberes en agricultura tradicional presentan muchos referentes simbólicos, que incluyen aspectos lingüísticos, botánicos, zoológicos, artesanales, los cuales permiten exhibir interacciones complejas entre asociaciones de plantas, animales y suelos y los seres humanos.  No hay que olvidar que los saberes tradicionales son transmitidos oralmente o a través de continuas experiencias.  Es común en las comunidades indígenas que los mayores sean quienes poseen los saberes en forma más detallada que los jóvenes.
En las chagras tradicionales se puede percibir un gran potencial de especies de las cuales algunas son alimenticias, otras presentan principios alelopaticos, lo cual se refleja en un control natural de ins




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