miércoles, 3 de junio de 2015

LA RUEDA DE LA MEDICINA LAKOTA

Con un recuerdo cariñoso para Awen, que fue el primero en hablarme de la rueda de la medicina, y dibujármela en un papel que aún conservo. Estés donde estés, espero que seas muy feliz y que la Luz te acompañe.
Al igual que otros paganos trazan su círculo, los Lakotas trazan una rueda o círculo también. Me ha parecido interesante, tanto por las similitudes como por las diferencias.
Nosotros asignamos la tierra al norte, el aire al este, el fuego al sur y el agua al oeste. Esa es la manera de nuestra tradición, pero es interesante conocer otras, y hasta probar a trabajar con ellas, si no las probamos no las conocemos, y podemos incluso llevarnos la sorpresa de que nos van mejor; pero antes hay que ver como son y comprender.
La rueda lakota nos da protección. Es un círculo de armonía y poder. Sirve para comprendernos a nosotros mismos, situarnos en el mundo, consolidar nuestro espíritu y honrar las fuerzas de la naturaleza.
En este sentido, la rueda es un altar, un instrumento de concentración para nuestra conciencia, un espacio sagrado y una ayuda para la meditación. Tiene muchos significados en numerosos niveles y todo lo que existe tiene su lugar en ella.
La rueda tiene cuatro cuadrantes que corresponden con los puntos cardinales,
y no sólo representa la orientación en términos de dirección, también representa el paso del día a la noche y al nuevo amanecer, y traza el ritmo del año, empezando por la primavera, continúa con el verano, el otoño, el invierno y de nuevo la primavera.
La vida humana también queda reflejada en ella, desde el nacimiento, pasando por la juventud, la madurez y la vejez y la muerte, pues la vida no comienza con el nacimiento ni termina con la muerte: todo es circular, se repite, se transforma y se vuelve a repetir en una octava mayor de la espiral.
Este
Representa la salida del sol, el amanecer. Su elemento es el fuego, su color el amarillo, su animal totémico es el águila, y su cuerpo celestial asociado es el Sol.
Es la primavera que trae la claridad. Es el momento de la encarnación, de la entrada en la materia y la infancia. Equivale al reino de la humanidad (en contraposición al reino vegetal, animal o mineral) y está específicamente relacionado con el espíritu.
Es la puerta de entrada al plano físico, y en ese sentido, encierra un gran misterio.
Recordemos que el signo astrológico de la primavera y del este es Aries, primer signo de fuego, regido por Marte, fuerza y vitalidad.
Sur
Después del Este, en sentido horario, viene el Sur. Corresponde al mediodía, el verano, el color rojo. Es la época de la juventud. En términos humanos, el Sur corresponde a las emociones. El elemento del Sur es el agua y su cuerpo celestial la Luna, reina de las mareas. Su animal totémico es el ratón, con el que aprendemos la importancia de observar cuidadosamente, de ser quienes somos.
El sur representa el reino vegetal, el que aporta la energía y es el lugar “cercano”.
El signo astrológico de principios del verano es Cáncer, signo de agua regido por la Luna.
Oeste
El Oeste es la dirección del elemento tierra, de la noche y el otoño. Su color es el negro y es el hogar del reino mineral de la vida lenta y silenciosa que se desarrolla sobre la Tierra. El Oeste corresponde a la madurez, la época en la que tenemos la fuerza para hacer cosas, para ayudar a otros de forma práctica y activa. Sin embargo, el Oeste también tiene que ver con la introspección profunda y con la transición de un estado a otro. Su animal totémico es el grizzli u oso gris, el más fuerte de todos, el que se cura a sí mismo con su conocimiento instintivo de las hierbas y que conoce la necesidad de prepararse para el futuro (por ello come y se aprovisiona para hibernar)
Su cuerpo celestial asociado es la Tierra. El Oeste es el dominio de los poseedores de la energía, el lugar para “mirar por dentro”.
Astrológicamente, el otoño comienza cuando el sol se halla en el signo de Libra, regido por Mercurio, y corresponde al elemento aire
Norte
En el cuadrante Norte, el color es el blanco de la nieve, del invierno. El Norte se corresponde a la medianoche y su cuerpo celestial lo constituyen las estrellas.
Su elemento es el aire y se asocia con el conocimiento y la sabiduría (en función del pensamiento. En términos humanos, éste es el dominio de la mente y está asociado con el reino animal. Su animal totémico es el búfalo, de vital importancia para los indios norteamericanos. Las manadas de búfalos que atraviesan las praderas reflejan la movilidad del aire. Por otra parte, los muchos usos que se le dan al búfalo ilustran la adaptabilidad del elemento. Correspondiente a la vejez y a la muerte, y también al tiempo indefinible entre las encarnaciones, el Norte es el “lugar del conocimiento”. Su enemigo es la seguridad.
El invierno entra con el sol en el signo de Sagitario, signo de tierra regido por Saturno.
Arriba, abajo y centro
Hemos trazado un círculo, y ahora lo convertiremos en una esfera, pero no debemos olvidar las otras tres posiciones que señalan nuestro lugar en el universo y que también son relevantes en nuestro viaje por el Mundo Medio, el Mundo Superior y el Mundo Inferior.
Arriba está el Padre Cielo, que nos enseña a expandirnos, a hacernos más grandes, a encontrar la relevancia, el significado y la luz de la verdad.
No nos traza patrones, pero nos anima a encontrar nuestras propias normas, a desarrollarnos ya a mejorar sin abandonar nuestra propia senda.
Abajo es el reino de la Madre Tierra, hogar de nuestros ancestros y de nuestro poder instintivo. Nos muestra los caminos hacia nuestras propias profundidades, y nos ayuda a acceder a todos los talentos que poseemos. Su amor siempre está disponible y su aceptación es incondicional, pero nos pide que nos aceptemos como somos y nos veamos con honestidad y coraje para poder crecer.
El Centro es el lugar de la quietud y el aplomo.También se asocia al quinto y más sutil elemento, el éter. El centro es la totalidad del año, del ciclo, del cosmos. Es el lugar de la espirirtualidad y de la imaginación y podemos vincularlo a la sexualidad como función que genera vida nueva, inspiración, poesía, que nos envía a la búsqueda de la totalidad.
Situación de la rueda
La rueda debe situarse físicamente en nuestro entorno con ayuda de la meditación o como preludio de un viaje. Podemos hacerlo utilizando una esterilla circular, una mesa, una bandeja o lo que tengamos a mano.
Es importante dejarse llevar por las propias sensaciones y reflexiones al imaginar la rueda. ¿Qué asociamos con el Sur? ¿Y con el Norte? Y así sucesivamente. Veamos algunos objetos que podemos colocar en los cuatro puntos del círculo:
Este: Varias velas atadas con una cinta amarilla, un huevo (ornamental o real), fotos del amanecer, cualquier objeto amarillo o luminoso, plumas de ave, cualquier cosa específicamente humana y que nos hable de la iluminación.
Sur: Agua en un tazón rojo, algo de color rojo, una planta, un adorno que muestre la Luna, cualquier objeto relacionado con el símbolo de Cáncer, la carta de la luna del tarot.
Oeste: Aquí podríamos colocar todo tipo de piedras (preciosas o no), hierbas, nueces y un recipiente con tierra, objetos de color negro o la reproducción de la pata de un oso.
Norte: Algo de color blanco que sugiera la nieve, la cima de una montaña o la claridad: figuras de búfalos; mariposas, semillas de plantas que transporte el viento. Aquí podemos quemar varillas aromáticas o colocarlas como representación del incienso, el don del aire.
Centro: Podemos encender una vela en reconocimiento a la presencia del espíritu. Después de encender la vela, tenemos que movernos en la dirección del Sol como señal de respeto a los poderes que estamos honrando.
Las direcciones quizá se entiendan mejor si pensamos en ellas como poderes cósmicos inteligentes y de gran magnitud. No están ceñidas a los cuartos designados, sino que más bien éstos se utilizan como un medio para llegar a contactar a esos poderes.
También se puede emplear la rueda con fines terapéuticos. Por ejemplo, quizá usted aprenda a ser más divertida, si es mujer, e interesarse por lo que le rodea y recibir la inocencia y la espontaneidad que conocía cuando era pequeña. Con esta finalidad, una vez situada en su propia rueda e invocando a las direcciones, puede decidir “sentarse” en el cuadrante consagrado al Este para absorber sus cualidades, para hacerse más afectuosa, más joven, más sencilla.
En el hemisferio norte de la Tierra nos movemos en este sentido en el contexto del ritual porque ésa es la dirección que sigue el Sol. En el hemisferio sur sucede lo contrario. Así mismo, los significados del Sur y del Norte pueden invertirse si se rota 180º la rueda de las armonías para adecuarla al hemisferio sur.
Naroha
Bibliografía: Teresa Moorey: “Los nuevos chamanes”
Fuente: elpentculodeplata.blogspot.com/