viernes, 8 de agosto de 2014

IBOGA PLANTA DE PODER.

¿Que es la Ibogaina?

 

Ibogaina es medicamento natural obtenido de la corteza de la raíz del arbusto
Tabernathe iboga. Este arbusto crece en Gabon y otros países de África Central. La corteza de la raíz. Es usada tradicionalmente en Gabon en ceremonias de la religión Bwiti. Iboga ha sido usada por cientos de años en rituales y es considerada para la gente de Gabon como un regalo para el mundo.
Ibogaina tiene propiedades anti-adictivas, interrumpe los síntomas de la abstinencia a los opioides, y reduce la ansiedad para usar, por periodos prolongados, permitiendo al adicto desintoxicarse con los mínimos síntomas.
Ibogaina al parecer, reajusta al cerebro a un estado pre-adicto. Ibogaina ha sido estudiada en la universidad de Miami en una clínica aprobada por la FDA en fase 1.
En las instalaciones de la IA administramos clorhidrato de ibogaina (98% de Ibogaina pura) oralmente en una capsula, basándonos en el peso del paciente y el tipo de droga que el paciente ha estado usando. Este medicamento no es adictivo y usualmente solo se administra una vez.
Ibogaina no se puede obtener en Estados Unidos, debido a la “guerra de las drogas”. Ibogaina no es vendida en las farmacias y no se puede mandar a los Estados Unidos. No vendemos Ibogaina; solo la administramos bajo la supervisión médica.
Ibogaina es una droga psicodélica. Una mejor descripción de los efectos de la ibogaina seria “oneirophrenic” o‘crear un sueño”. Para un espectador pareciera que la persona solo esta acostada, en un estado de sueño parcial, mientras que, esta soñando. Algunos pacientes reportan sus experiencias como si hubieran visto la película de su vida,
o como si hubieran reorganizado los cajones de documentos en su cerebro. La experiencia es personal y única, sin embargo, todos los pensamientos y el poder penetrar en tu inconciente puede ser una fundación muy valiosa para un futuro sin drogas.
Durante las semanas después del tratamiento con Ibogaina, los pacientes encuentran soluciones a temas que  pudieron haberles molestado, cambiar comportamientos compulsivos, y ser receptores de terapia. No todos los q usan Ibogaina tienen vividas experiencias visuales. De hecho el 75% de los pacientes experimentan visuales. Algunas personas duermen durante los efectos del medicamento, y otros experimentan solo una serie de pensamientos rápidos o luces espontáneas. Las propiedades antiadictivas y características que disminuyen los síntomas de la abstinencia de la ibogaina no obstante siguen funcionando en estos pacientes.
Ibogaina es no adictiva, a pesar de que interactúa con los mismos receptores de los neurotransmisores en el cerebro que son relacionados con la adicción. 


La mayoría de las plantas alucinógenas (o psicodélicas) provienen de América del Sur, y del Norte. Las consumen sobre todo los indios de Colombia y México, aunque el uso ritual no se restringe al continente americano. La tribu africana fang mantiene vivo el culto de la Iboga, la principal planta alucinógena que  proviene  de África y cuyas raíces permiten fabricar una bebida que algunas tribus del África Occidental consumen en rituales religiosos. Este fuerte alucinógeno del bosque tropical de Gabón es un elemento esencial de la religión bwiti. La Ibogaína es el nombre que se da al principio activo de la planta Tabernanthe Iboga.
La corteza de la raíz de la Tabernanthe Iboga, pequeño arbusto florido pariente lejano del café, en África y Sudamérica, contienen la ibogaína, un enteógeno. La raíz es usada allí por las etnias fang, mitsogo y otras, en Gabón, Camerún y Guinea Ecuatorial, en el culto mbuiti o bwiti _”de los antepasados”_ de aparente origen pigmeo. La Eboka es un alucinógeno sagrado (enteógeno: en= dentro, theos= dios, geno= generado) o sacramento, alrededor del que se desarrolla el culto. Este presenta muchos elementos de sincretismo con el catolicismo y múltiples similitudes con algunos rituales masónicos de iniciación, especialmente las versiones fang.
El efecto de esta planta deslumbra y llena de esperanza por sus virtudes curativas, en el caso de que nuestros científicos se decidieran a investigarla. La ibogaína, según sea su dosis es, sobre todo, un poderoso afrodisíaco. A mayor cantidad deviene en sustancia visionaria. Tal vez esta sea una de las pocas plantas, entre las múltiples que se proclaman afrodisíacas, que cumple con lo que pregona. El alcaloide no se aisló hasta 1901 y ya se hablaba de la cura de la impotencia masculina y la anorgasmia femenina. Actualmente la etnia fang, en Gabón, es la única que sostiene un «culto alucinógeno africano auténtico», el bwiti, tomando como base la planta Iboga. Bwiti significa arte de curación y es la fuerza de cohesión de los fang. Su situación legal en España y en muchos países sigue siendo totalmente legal.
Aunque son alcaloides aislados o plantas psicoactivas, se caracterizan por no generar dependencia alguna, física o psíquica. Se trata de una nueva categoría: “los interruptores de adicciones”, cuyo modo de acción se está tratando de dilucidar.
La nueva e insólita propuesta es tratar la dependencia a sustancias con otras sustancias. Nada nuevo, parece. Salvo que no se trata de sustitutos, como la metadona para la heroína, ni aversivos como el disulfiram contra el alcohol, ni tampoco antídotos como la naloxona para con la morfina y otros opiáceos. Tampoco son análogos o parientes, como la cafeína (del café) con la teína (del té), la teobromina (del cacao) y la mateína (del mate), todas xantinas y creadoras de dependencia.
Ha sido descrita como un posible tratamiento de la dependencia a los opiáceos, después de que heroinómanos constatasen que una única dosis de esta sustancia les permitía abandonar sus necesidades de heroína. Las terapias de Iboga han resultado ser exitosas en el tratamiento de adicción así como de otros desórdenes causados por traumas o problemas psicológicos. Los ensayos con animales han mostrado una cierta eficacia.
Está siendo estudiada pre-clínicamente en varios centros de investigación, pero está en uso, aunque fuera de los Estados Unidos. Tres patentes norteamericanas protegen su uso como interruptor de adicciones a nombre de H. S. Lostsof, quien percibió por primera vez ese efecto en varios heroinómanos, hace ya 35 años. Pero no sólo interrumpe la dependencia, sino que minimiza el síndrome de abstinencia. La ibogaína venerable anciana con cien años de historia científica, es una interesante sustancia, que figura en las listas oficiales de estupefacientes como “sin uso médico”. Una cruda investigación inicial propugnó su uso terapéutico y su reconocimiento legal, que tarda en llegar.
Sin embargo, resulta que no existe ningún interés por parte de las compañías farmacéuticas para considerar su introducción en el sistema formal de salud. Es muy probable que ello se deba a que la Iboga no tiene potencial financiero alguno, puesto que el verdadero interés de nuestro sistema de salud no radica en el esfuerzo de solucionar problemas de adicción.
Igualmente algunos participantes han reportado la cura de la Hepatitis C tras la ingesta de la Iboga.

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