viernes, 9 de octubre de 2015

Ken Wilber: La conciencia sin fronteras.

Y el mundo de los opuestos es un mundo de conflictos, como no tardaría en descubrir el propio Adán, que debe de haberse fascinado por el poder que se genera trazar límites e invocar nombres. Pensemos que un sonido tan breve como la palabra “cielo” podía representar toda la inmensidad de los cielos azules reconocidos en virtud de las demarcaciones respecto de la tierra, el agua y el fuego. De modo que, en vez de manejar y manipular objetos reales, Adán podía manipular en su cabeza esos nombres mágicos que ocupaban el lugar de los objetos mismos.
Antes de la invasión de las fronteras y los nombres, si por ejemplo, Adán quería decirle a Eva que en su opinión era una burra, tenía que cogerla del brazo y salir con ella en busca de una burra, indicársela, señalarla a ella, y después empezar a brincar adoptando una expresión estúpida. Pero ahora, gracias a la magia de las palabras, le bastaba con levantar los ojos al cielo y decir “Por el amor de dios, cariño, mira que llegas a ser burra”
Eva, que en realidad era mucho más sensata que Adán, no solía replicarle. Es decir, se negaba a entrar en el juego de la magia de las palabras, porque en lo más profundo de su ser sabía que las palabras eran un arma de dos filos, y a quien hierro mata, hierro muere.
Entretanto, los resultados del esfuerzo de Adán eran espectaculares y mágicos y es comprensible que el éxito comenzara a subírsele a la cabeza. Empezó a llevar sus fronteras a lugares que habría sido preferible dejar sin cartografiar y que por ese medio lograba conocer. Esa embriaguez culminó en el árbol de la ciencia – en realidad de los opuestos – del bien y del mal. Y cuando Adán reconoció la diferencia entre los opuestos del bien y del mal, es decir, cuando trazó una demarcación fatal, su mundo se desmoronó. Al pecar, la totalidad del mundo de los opuestos que él mismo habia ayudado a crear, se volvió contra él para acosarlo. Dolor y placer, bien y mal, vida y muerte, esfuerzo y juego… Todo el espectro de opuestos en conflicto se abatío sobre la humanidad.
Lo cierto es que vivimos en un mundo de conflicto y oposición porque es un mundo de demarcaciones y fronteras. Y puesto que cada línea fronteriza es también una línea de batalla, henos aquí con una difícil situación humana: cuanto más firmes son nuestras fronteras, más encarnizadas nuestras batallas. Cuanto más me aferro al placer, más temo, necesariamente, al dolor. Cuanto más voy en pos del bien, tanto más me obsesiona el mal. La mayoría de nuestros problemas son las demarcaciones y los opuestos que éstos crean, tendemos a tratar las demarcacion como si fueran real y después manipulamos los opuestos así creados. Jamás cuestionamos la existencia de la demarcación como tal. 

 

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