lunes, 28 de septiembre de 2015

La mala utilización de las plantas sagradas y los riesgos de no respetar a las cosmovisiones indígenas

La denuncia del pueblo cofan acerca del mal uso del yagé por parte de una organización no indígena y la reciente carta de apoyo de un centenar de académicos, reactualiza un viejo debate.

Los antecedentes del caso cofan y el apoyo académico

En los últimos días de julio las principales autoridades del pueblo indígena cofán de Colombia emitieron un comunicado en el que expresaban un gran disgusto: estaban cansados de que se comercializara el yagé (ayahuasca) por un tal señor Varela que aseguraba formar chamanes en Europa con la supuesta autorización de uno de ellos. “Están aprovechándose de la dignidad de nuestro pueblo. Están engañando a muchas personas a las que traen a Mocoa, Putumayo, para darles la medicina sin tener en cuenta los riesgos”, dijo entonces Lorenzo Morales, uno de los gobernadores que firmaban el documento.

El pronunciamiento agregaba que Varela tenía una empresa con la que promociona desde España tours a la selva colombiana para hacer “retiros de evolución interior” y “consultoría personalizada de la ayahuasca”, obviamente todo a cambio de una suculenta suma de euros.

El reclamo de los cofanes dio la vuelta al mundo. Tan preocupante es el caso que la comunidad académica resolvió apoyarlos. En una extensa carta, cien reconocidos estudiosos de temas amazónicos y conocedores de los rituales indígenas hicieron hace unos días atrás un llamado, alarmados ante la proliferación de negocios que hay en Colombia en torno al yagé desconociendo “su manejo y el carácter sagrado que le otorgan los pueblo originarios”. Los expertos, que no se oponen a la expansión del yagé como tal, se muestran preocupados por la manera en que este señor utiliza la planta y la promueve con técnicas de marketing. “Su uso es irresponsable y sus prácticas son reprobables”, se lee en un aparte.

“Somos académicos con perspectivas muy diferentes, pero nos unimos en torno a este tema porque nos parece injusto que se pase por encima del conocimiento de una comunidad que ha hecho muchos esfuerzos para construir códigos de ética, de conducta y de manejo de pacientes frente al yagé, para que ahora una persona lucre alrededor de una mentira”, cuenta Joaquín Carrizosa, antropólogo de la Universidad de Kent.

El engaño al que se refiere es la supuesta autorización que alguna vez le dieron los cofanes a Varela para promocionar su producto y hacer rituales en Europa. “Está aprovechándose de la ignorancia, credulidad, buena fe y vulnerabilidad de muchas personas”, dice la carta.

Según informa El Espectador de Colombia, el mencionado empresario presentó un par de cartas firmadas por uno de los taitas. Estos, por su parte, insisten en que fue un sutil engaño y que jamás aprobarían tales prácticas.

“Si no se detiene —dice Carrizosa— esto ocasiona una satanización de la medicina tradicional y la pérdida de un conocimiento muy rico, muy importante y de un gran valor cultural. Y de la comunidad cofán sólo quedan 900 personas en Colombia”.

Las plantas sagradas y el sentido espiritual de su utilización

En el mundo indígena, la ingesta de estas plantas en contextos de ceremonias dirigidas por chamanes y con estrictos fines medicinales, produce estados ampliados de consciencia que permiten tanto al chamán como al paciente encarar juntos el proceso de curación. Las más conocidas son la ayahuasca; el cebil; el san pedro o wachuma; el toé o floripondio; el chamico; el canelo; la epena y la coca (Sudamérica); el peyote y los hongos psilocibios (Norteamérica y Mesoamérica) y el tabaco (en todo el continente)

Estas plantas, cuyo uso es de una antigüedad milenaria, se distinguen de las otras plantas medicinales porque permiten alcanzar aquellos estados que permiten el viaje a otros planos y/o dimensiones de la realidad, un mundo poblado por espíritus, seres, entidades y fenómenos que están más allá de la realidad “ordinaria”. Es que la idea de realidad que da sustento a las cosmovisiones originarias, es más compleja que aquella en la que los occidentales fueron enseñados a entender como la única posible.

La ingesta ceremonial de estos vegetales posibilitan tanto al chamán como al paciente tomar contacto con el “mundo invisible” y en el caso particular del chamán se agrega la capacidad para viajar por esos mundos y tomar de ellos los poderes, la información y las claves que necesitará –una vez de regreso- en el proceso de diagnóstico y curación de la enfermedad. Una de sus máximas habilidades es precisamente la de regresar, porque no sólo es importante transitar por las otra realidades, sino el saber volver desde ellas a este mundo.

Todo este proceso se da en un contexto de plena espiritualidad dado que para los pueblos originarios el concepto de salud tiene que ver con el estar en equilibrio espiritual, mientras que por el contrario, la enfermedad es producto de un desequilibrio del espíritu. La función del chamán es “colocar” al paciente, restaurar su equilibrio, devolverlo a su eje, ese que conecta firmemente a la persona con la Tierra y el Cielo.

El “descubrimiento” de estas poderosas plantas por parte de Occidente, así como el sentido espiritual de su utilización y su eficacia como parte sustantiva de la medicina indígena, puso en evidencia –una vez más- la existencia de otras formas de sabiduría y de conocimiento.

Por eso es importante la utilización de la expresión “plantas sagradas” (de uso extendido en el mundo indígena), asi como también “plantas psicoactivas” (que actúan sobre la psique), “plantas maestras” (porque ellas enseñan) ó “enteógenos”, este último un vocablo hoy muy difundido, acuñado en 1979 por Wasson, Ruck, Bigwood, Staples y Ott, para reemplazar a la cuestionada denominación de “alucinógeno”; “enteógeno” significa “que genera a Dios en nuestro interior” y es un término que transmite con bastante precisión el sentido y función de estos vegetales. El termino “alucinógeno” se sigue utilizando aún en ciertos ámbitos académicos, a nuestro entender en forma equivocada, ya que confunde “la connotación patológica que tiene con el sentido espiritual, ceremonial y curativo que, por el contrario, el uso de estos vegetales tiene entre los indígenas”.

Este milenario conocimiento se transmite de generación en generación y “con las restricciones propias de los saberes reservados”, debiendo el chamán mantener a lo largo de su vida una disciplina casi ejemplar, detalladamente pautada, lo que le permitirá ejercer su oficio en el marco de la seriedad y el respeto que la cosmovisión y las plantas requieren.

Para la concepción indígena la planta sagrada es un ser vivo que durante la ceremonia ingresa en el cuerpo del paciente. Una vez allí, su espíritu dialogará con el espíritu de la persona, acción que será guiada por el chamán, con sus cánticos, tambores, sonajas, el humo del tabaco y/o alguna de las distintas técnicas extáticas que le ayudarán en la curación. Este delicado proceso en que dos espiritus de distintas especies interactúan para la curación es parte central de estas ceremonias, y denotando una vez más, “lo serio de esta cuestiones” como los mismos indigenas definen a ciertos temas centrales de sus culturas.

El mal uso de las plantas sagradas: un peligroso desviacionismo

En los últimas años, estas plantas han salido de sus lugares de origen y están “viajando” por distintas partes del mundo, muchas veces de la mano de chamanes que convidan en ceremonias ecuménicas a personas de distintos orígenes. También muchas de estas personas han accedido a estas experiencias en el propio ámbito de los indígenas. En muchas ocasiones estas sesiones tienen el sentido curativo, medicinal y trascendente que ya explicamos, pero en otros casos se realizan por el mero hecho de “experimentar” o con fines puramente recreativos. En muchos casos también estos encuentros son guiados por personas no indígenas que no están capacitadas y por lo tanto que no están en condiciones de llevar adelante los mismas y menos aún implementar fines medicinales.

Estos conocimientos ancestrales hoy se están abriendo a muchas personas, más allá de las fronteras del mundo indígena e incluso posibilitando el desarrollo de muy destacados proyectos vinculados con la salud. Es auspicioso que puedan extenderse a cada vez más personas, pero es clave también que ello se haga atendiendo a los marcos ceremoniales y rituales que constituyen una complementariedad ineludible. Tener en cuenta a estos marcos; contar con la guia de chamanes reconocidos y/o personas de conocimiento debidamente capacitadas y autorizadas y muy especialmente no olvidar el sentido profundamente espiritual de estas experiencias, son algunos de los aspectos a considerar para que los procesos curativos con esta otra medicina, sean cuidados, efectivos y respetuosos.

Las recientes denuncias de los cofan y la carta de apoyo de los académicos son acciones muy necesarias y valiosas, a lo que nos gustaría agregar que este caso (al parecer importante por cierto) es uno más entre las decenas y decenas de aquellos llevados a cabo por personas inescrupulosas, que desde hace muchos años están convidando estas plantas con fines principalmente económicos, en contextos faltos de seriedad y de respeto por las milenarias tradiciones indígenas, todas peligrosas transgresiones en la que han caido incluso algunos de los propios chamanes.

Fuentes: Carlos Martínez Sarasola; Ana Maria Llamazares; El Psicoanalitico (Argentina); Servindi ; Jacques Mabit (Perú) El Espectador (Colombia)
Fecha: 20/9/2015