domingo, 22 de enero de 2017

No eres Tú, soy Yo…Viktor Frankl.

Ensayo de Viktor Frankl


Ensayo de Viktor Frankl



Este es un ensayo de Viktor Frankl, neurólogo, psiquiatra, sobreviviente del holocausto y el fundador de la disciplina; que conocemos hoy como Logoterapia.


No eres Tú, soy Yo…
¿Quién te hace sufrir? ¿Quién te rompe el corazón? ¿Quién te lastima? ¿Quién te roba la felicidad o te quita la tranquilidad? ¿Quién controla tu vida?…
¿Tus padres? ¿Tu pareja? ¿Un antiguo amor? ¿Tu suegra? ¿Tu jefe?…

Podrías armar toda una lista de sospechosos o culpables. Probablemente sea lo más fácil. De hecho sólo es cuestión de pensar un poco e ir nombrando a todas aquellas personas que no te han dado lo que te mereces, te han tratado mal o simplemente se han ido de tu vida, dejándote un profundo dolor que hasta el día de hoy no entiendes.

Pero ¿sabes? No necesitas buscar nombres. La respuesta es más sencilla de lo que parece, y es que nadie te hace sufrir, te rompe el corazón, te daña o te quita la paz. Nadie tiene la capacidad al menos que tú le permitas, le abras la puerta y le entregues el control de tu vida.
Llegar a pensar con ese nivel de conciencia puede ser un gran reto, pero no es tan complicado como parece. Se vuelve mucho más sencillo cuando comprendemos que lo que está en juego es nuestra propia felicidad. Y definitivamente el peor lugar para colocarla es en la mente del otro, en sus pensamientos, comentarios o decisiones.
Cada día estoy más convencido de que el hombre sufre no por lo que le pasa, sino por lo que interpreta. Muchas veces sufrimos por tratar de darle respuesta a preguntas que taladran nuestra mente como: ¿Por qué no me llamó? ¿No piensa buscarme? ¿Por qué no me dijo lo que yo quería escuchar? ¿Por qué hizo lo que más me molesta? ¿Por qué se me quedó viendo feo? y muchas otras que por razones de espacio voy a omitir.
No se sufre por la acción de la otra persona, sino por lo que sentimos, pensamos e interpretamos de lo que hizo, por consecuencia directa de haberle dado el control a alguien ajeno a nosotros.

Si lo quisieras ver de forma más gráfica, es como si nos estuviéramos haciendo vudú voluntariamente, clavándonos las agujas cada vez que un tercero hace o deja de hacer algo que nos incomoda. Lo más curioso e injusto del asunto es que la gran mayoría de las personas que nos “lastimaron”, siguen sus vidas como si nada hubiera pasado; algunas inclusive ni se llegan a enterar de todo el teatro que estás viviendo en tu mente.
Un claro ejemplo de la enorme dependencia que podemos llegar a tener con otra persona es cuando hace algunos años alguien me dijo:
“Necesito que Enrique me diga que me quiere aunque yo sepa que es mentira. Sólo quiero escucharlo de su boca y que me visite de vez en cuando aunque yo sé que tiene otra familia; te lo prometo que ya con eso puedo ser feliz y me conformo, pero si no lo hace… siento que me muero”.

¡Wow! Yo me quedé de a cuatro ¿Realmente ésa será la auténtica felicidad? ¿No será un martirio constante que alguien se la pase decidiendo nuestro estado de ánimo y bienestar? Querer obligar a otra persona a sentir lo que no siente… ¿no será un calvario voluntario para nosotros?
No podemos pasarnos la vida cediendo el poder a alguien más, porque terminamos dependiendo de elecciones de otros, convertidos en marionetas de sus pensamientos y acciones.

Las frases que normalmente se dicen los enamorados como: “Mi amor, me haces tan feliz”, “Sin ti me muero”, “No puedo pasar la vida sin ti”, son completamente irreales y falsas. No porque esté en contra del amor, al contrario, me considero una persona bastante apasionada y romántica, sino porque realmente ninguna otra persona (hasta donde yo tengo entendido) tiene la capacidad de entrar en tu mente, modificar tus procesos bioquímicos y hacerte feliz o hacer que tu corazón deje de latir.

Definitivamente nadie puede decidir por nosotros. Nadie puede obligarnos a sentir o a hacer algo que no queremos, tenemos que vivir en libertad. No podemos estar donde no nos necesiten ni donde no quieran nuestra compañía. No podemos entregar el control de nuestra existencia, para que otros escriban nuestra historia. Tal vez tampoco podamos controlar lo que pasa, pero sí decidir cómo reaccionar e interpretar aquello que nos sucede.
La siguiente vez que pienses que alguien te lastima, te hace sufrir o controla tu vida, recuerda: No es él, no es ella… ERES TÚ quien lo permite y está en tus manos volver a recuperar el control.

“Al hombre se le puede arrebatar todo, salvo una cosa: La última de las libertades humanas-la elección de la actitud personal que debe adoptar frente al destino- para decidir su propio camino”.


La Logoterapia es conocida en el mundo como la Tercera Escuela de Psicoterapia Vienesa, fue fundada por Viktor Emil Frankl, neuropsiquiatra judío – vienés, sobreviviente a cuatro campos de concentración durante la segunda guerra mundial. Durante su cautiverio comprobó y enriqueció los conceptos y postulados en los que venía trabajando años atrás. El holocausto fue para él una experiencia que marcó su vida y le dejó grandes aprendizajes que da a conocer en su famoso libro El hombre en busca de sentido, obra que ha vendido más de 20 millones de copias en varios idiomas.
La Logoterapia del Dr. Frankl resulta cada vez más vigente en un mundo que padece un gran Vacío Existencial que se manifiesta en altos índices de adicción, violencia, depresión, suicidio. 
En palabras de Frankl, las personas de las sociedades modernas tienen cada vez más medios para vivir y cada vez menos un para qué vivir.
El sentido de la vida es la máxima motivación en el ser humano. La Logoterapia ofrece valiosas herramientas para vivir con más significado.



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lunes, 9 de enero de 2017

Sabiduría Comanche.





Ojo de águila era un audaz niño piel roja, ansioso por alcanzar la edad de caza que aún se le vetaba. Bien sabía que para emprender la larga marcha en busca de alimento había de ser entrenado durante más de seis lunas por un experimentado cazador. No se cansaba de preguntar a su madre una y otra vez, por el anhelado momento en que dejara atrás el campamento para disfrutar de estas jornadas con el resto de los pieles rojas. 

- Madre… ¿cuándo podré yo ir a cazar? – decía Ojo de águila mientras curtía pieles.
- Pronto hijo… – decía con resignación y cierta pena al ver las ganas que brotaban de los ojos del niño.
- Madre… ¿cuándo podré aprender? Soy suficiente mayor… – decía mientras salaba las pieles para su conservación.
- No, no lo eres… – volvía a repetir siguiendo con sus tareas. 

Cada día que precedía a la cacería era la misma tarantela, y obtenía siempre las mismas respuestas de su progenitora. Entonces triste seguía su faena. Ojo de águila sabía distinguir con precisión las diferentes huellas de animales y las voces de apareamiento, además de ser un gran tirador con arco. A pesar de sus habilidades, no era suficiente para el resto de los hombres que se burlaban de él desde lo alto de su hombría. 

Uno de esos días predecesores, Ojo de águila se mostró callado y pensativo tras la negativa de su padre a acompañarles. Al caer la noche fingió estar muy cansado y pronto se acurrucó bien abrigado a la espera de que la luna dejara paso a la mañana. Con un sigiloso despertar preparó alimentos, agua, abrigo y una afilada vara de arce que bien le serviría como arma. 
Entonces siguió a los cazadores manteniendo una distancia prudencial. No debían percatarse de su presencia. Observaba con atención cada uno de sus pasos en la lejanía y cuando hubo caído la tarde una colina les sirvió de refugio para dar caza a los ciervos, los mensajeros de las buenas y las malas noticias. 



Encendieron un fuego para cocinar algunos alimentos y resguardarse del frío. Ojo de águila se dispuso a imitarles con la mala fortuna de darse cuenta demasiado tarde que había olvidado la yesca y el pedernal. Si no quería morir de frío debería acercarse al campamento, pero la desobediencia de la que hacía gala le traería una gran reprimenda que no estaba dispuesto a soportar. 

Muerto de frío y hambre, sin fuego al que arrimar su menudo cuerpo, el muchacho estaba decidido a no acercarse al grupo por miedo al castigo que caería sobre él, pero las circunstancias, una vez más, le obligaron a tomar una decisión que no era más que otra forma de mala suerte. Un puma rugió tras él y asustado olvidó sus divagaciones mientras corría despavorido en dirección a los cazadores. Sus predicciones no resultaron erróneas y los pieles rojas le propinaron una descomunal paliza recordándole la mala elección que le había hecho tomar su desobediencia, al tiempo que se burlaban de él por su cobarde huída del predador. 

A la mañana siguiente, enfadado aún y con cierto sarcasmo e ironía, el jefe del grupo le ordenó que se mantuviera aguardando en el campamento mientras ellos cazaban. Ojo de águila no pudo aguantar mucho tiempo inmóvil, nuevamente, desobedeció sus órdenes y abandonó el lugar. No hubieron pasado más de unos minutos cuando una fiera tormenta de nieve le salió al paso, borrando las huellas que le permitieran el regreso y dejándole totalmente desorientado y confundido, pues ésta trajo consigo una densa niebla que apenas le permitía verse los dedos de las manos frente a él. 


Cuando amainó, el muchacho se encontraba totalmente perdido y sin rumbo. A lo lejos pudo ver entonces la silueta de un gran animal. Al acercarse advirtió que se trataba de un búfalo blanco, animal mágico y sagrado entre todas las tribus de pieles rojas. Con el miedo emanando de cada uno de sus poros, Ojo de águila osó acercarse al mamífero con sopesada lentitud. El búfalo le miró piadoso y se dejó acariciar. Momentos después, el animal empezó a caminar llevando al niño camino del campamento. Una vez allí, el búfalo desapareció entre la niebla, fundiéndose con ella mientras se alejaba. 


La reprimenda del jefe piel roja no fue pequeña y cuando Ojo de águila contó lo sucedido suscitó una gran carcajada entre los componentes de su grupo que, burlándose propinaron varios golpes al chico. Pero el jefe, tras escuchar la historia y meditarla durante un instante, apremió el cese de aquel jolgorio y procedió a relatar desde lo profundo del recuerdo. 

- Hijo… – dijo con una voz profunda y algo rasgada en su idioma indio – lo que has visto bien me recuerda a una historia del pasado. Cuando viajé al sur tenía tu edad. Allí había un grupo enemigo de hombres que mataban.., que destruían todo lo que a su paso encontraban. Eran malvados seres de piel blanca, con armaduras brillantes y palos cortantes, que cabalgaban sobre caballos. Cuando arreció el frío invierno, tu abuelo y yo nos vimos en la necesidad de huir de aquella amenaza junto con nuestras familias. Pero nos perdimos – miraba hacía el cielo, como esperando una aprobación para seguir hablando – nos perdimos y no teníamos los víveres necesarios para subsistir, no teníamos que comer y el frío atenazaba nuestros huesos y el de la gente más anciana de la tribu. 

Tu abuelo entonces se aventuró a la caza de algún animal para mitigar el hambre que a todos nos mordía el estómago. Le estuvimos esperando mucho tiempo hasta que finalmente apareció arrastrando un ciervo. Delante de él, un búfalo blanco le guiaba. Cuando llegaron el búfalo le miró a los ojos y dio la vuelta, al poco ya no estaba y tu abuelo nos contó que se había perdido. El animal mágico le había llevado hasta aquel ciervo y luego le había enseñado el camino de vuelta al campamento, guiándole hasta donde todos nos encontrábamos. – Miró a todos los presentes con solemnidad – Gracias al búfalo blanco sobrevivimos y pudimos seguir avanzando hasta estas tierras salvas de cualquier peligro blanco.

- Entonces – el chico miraba con recelo a la espera de ser nuevamente azotado.
- Yo te creo – puso la mano sobre el hombro del chico – y te digo que el día de mañana serás un gran chamán, cuando no un gran jefe. 

Aquel día Ojo de Águila empezó a notar como dejaba de ser niño para convertirse en hombre. Nadie más se burló de él, ni en ese momento ni en ningún otro. Con el tiempo fue respetado y amado. Creció y sus hazañas forjaron leyendas. Nunca más volvió a ver al gran búfalo blanco. En cambio, la magia sacra que viera en aquellos ojos perduró para siempre en su corazón, cobrando vida en sus sueños de brujo. 




Fuente: todolocreadoanteshasidopensado

jueves, 5 de enero de 2017

Filosofía de Sankhya de la India.

Según el Samkhya, una de las seis escuelas ortodoxas de filosofía de la India, y que tradicionalmente se considera que fue fundada y desarrollada por el sabio Rishi Kapila, quién percibió los principios o elementos del Universo, en la que se fundamentan los conceptos básicos del yoga y el ayurveda. Todo lo que cambia, ya sea físico o mental, pertenece al mundo de Prakriti. El término Prakriti hace referencia a la Naturaleza primordial del mundo manifestado, es decir de todo aquello que percibimos. Todo lo que percibimos, ya sean imágenes, sonidos, pensamientos, incluso nuestro sentido del Yo, es una manifestación de esa naturaleza primordial o Prakriti.



Estos principios son:

  • Prakriti
  • Mahad o Intelecto Cósmico.
  • Ahamkar o Ego.
  • Cinco elementos básicos – Panchamahaboots: Éter (Aakash), aire (Ain), fuego (Agni), agua (Jala) y tierra (Prithvi).
  • Cinco facultades sensoriales: oído, piel, ojos, lengua, nariz.
  • Cinco órganos motores: boca, manos, pies, órganos reproductores y órganos excretores.
  • Cinco sentidos o Tamatras o Jamendriyas: oído, tacto, vista, gusto y olfato.
  • La mente.
Las Gunas son las tres cualidades o energías esenciales para la creación de cualquier sustancia o actuación en el Universo.

  • Tamas: energía de la inercia, apatía, dejadez, pereza, aburrimiento, pesadumbre, melancolía, oscuridad, tristeza, ignorancia, atolondramiento. El “yo” inconsciente.
  • Rajas: energía de la acción, movimiento dinámico, voluntad, agitación, lucha, superación, conquista, triunfo, poder, fama. El “yo” como acción egoica.
  • Sattva: energía de equilibrio, estabilidad, pureza, luz, el despertar, virtud, bondad, humildad, compasión, generosidad, conocimiento, creatividad y sabiduría liberadora. El “Yo” supraconsciente.
Estas tres energías o cualidades, también pueden traspasarse a los objetos y todo lo que conforma esa naturaleza de Prakriti, incluso los alimentos. Por ejemplo: una piedra será más tamásica e inerte que el sol, lleno de vida y de luz, sattvico; los alimentos de difícil digestión, muy ácidos y picantes, están considerados rajásicos; una fruta o alimento fresco, será mucho más sattvico que un alimento preparado y envasado, sin vida.

Características psicológicas de Tamas

  • Las personas con este tipo de energía no tienen confianza ni con ellos mismos ni con los demás.
  • No hacen ningún esfuerzo para aprender, ni por superar la ignorancia básica de la mente (Avidya).
  • No están motivados por nada. No expresan ni felicidad ni dolor.
  • Sienten un fuerte miedo ante el dolor y hacen caso omiso de las necesidades vitales de su cuerpo y del cuidado de su salud.
  • No tienen conciencia de una dieta adecuada, por lo que consumen alimentos que son dañinos para su salud física, emocional y mental.
Características psicológicas de Rajas

  • Personas dinámicas e irregulares, por lo que les cuesta conseguir sus objetivos y metas en la vida.
  • Cambiantes en sus decisiones y reorganizan la vida con frecuencia.
  • Interesadas por el prestigio, el poder, la fama, a nivel profesional y personal.
  • Poseen coraje y valor, pero no dudan en manipular o dominar a los demás para conseguir sus fines.
  • Tienden a no estar satisfechos con lo que tienen y siempre buscan más y más. Se fijan más en la hierba del vecino que en la propia.
  • Son ambiciosos y pueden mostrarse coléricos, soberbio, egoístas, envidiosos, celosos, intolerantes, arrogantes, vanidosos y prepotentes.
  • Tienen una actitud exagerada de ante el dolor y el placer. Y suelen ser personas con alta tendencia al victimismo.
  • Al estar activos suelen estar afectados por el exceso de dolor, fatiga, ansiedad, tensión, estrés.
  • Consumen excesivamente alimentos fuertes, de difícil digestión, muy especiados y ácidas, carne, etc.
Características psicológicas de Sattva

  • Personas con voluntad genuina, un conocimiento puro, buen intelecto y buena capacidad de adaptarse a las vicisitudes de la vida.
  • No pretenden imponerse ni gobernar o manipular a los demás.
  • Están satisfechos con lo que tienen, y están más en el ser que en el poseer.
  • Son capaces de aceptar y controlar sus emociones sin apegarse a ellas, ni generan rechazo o aversión. Son flexibles y tolerantes.
  • Viven de modo puro, teniendo en cuenta su alimentación, sus pensamientos y su relación con la creación divina.
  • Poseen una gran intuición sabiendo discernir qué es lo mejor para su cuerpo, su mente y su alma.
  • Poseen una gran curiosidad para aumentar su conocimiento, experiencias y sabiduría.
  • Son creativos y suelen conseguir sus metas en la vida.
  • Saben manejarse con el sentimiento de soledad, y evitan tanto la dependencia emocional cómo la simbiosis afectiva.
  •  Suelen tener buena salud y tienen una actitud serena ante enfermedad, la vejez y la muerte.
Conclusión

El trabajo interior para llevar una vida armónica, consiste en utilizar todas las técnicas milenarias del yoga para erradicar la energía de inercia de “tamas” utilizando las mejores energías dinámicas de “rajas”; después, apoyándonos en las energías creativas de “sattva” ir consiguiendo sujetar, calmar y suavizar “rajas”. Y por último… desarrollar, ampliar, desplegar y perfeccionar las energías liberadoras de Sattva.

Leyes Universales (3): Ley de la Abundancia - David Topí.



Esta es la tercera entrega de la serie Leyes Universales


Seguimos con nuestra serie descriptiva  de las Leyes Universales, y hoy vamos a explicar la Ley de la Abundancia. Esta ley nos dice que “El universo es infinito. Todo aquello que deseas tiene el potencial de ser creado desde tu propio interior”
abudance

El universo es pura energía. La Tierra es energía. Nosotros somos energía. Nuestra vida y todo lo que contiene es energía, y esta energía es inagotable, ilimitada y siempre disponible. Esta energía puede transformarse en absolutamente todo lo que queramos, pues no es más que un gran montón de plastilina de la cual podemos coger un trozo y moldearlo con la forma que queremos que tenga, y encima, quedárnoslo para nuestro disfrute. Vivimos en un universo y un mundo de abundancia, aunque la mayoría de nosotros hemos aprendido que vivimos en un mundo de escasez, donde no hay bastante y donde efectivamente, se manifiestan realidades en las cuales no hay bastante de nada, por no decir que hay escasez de todo.La Ley de la Atracción nos dice que aquella vibración que emitimos, es la que atrae a nosotros aquellas cosas y situaciones que tenemos alrededor y que resuenan con nuestra frecuencia, la Ley de la Creación Consciente nos dice que si aprendemos a emitir cierto tipo de vibraciones, atraeremos exactamente aquello que deseemos, y la Ley de la Abundancia nos confirma que no existen limites para aquello que podemos manifestar.


Limitaciones auto-impuestas

Desde un punto de vista físico, energético, no existe ninguna limitación en la fuente de energía que existe en todo y en todos y que podemos usar para moldear nuestra vida a nuestro antojo. Que sepamos y podamos hacerlo es otro tema, pues la sociedad nos impone unas creencias y limitaciones muy fuertes sobre cuanto podemos tener,  cuanto podemos desear, o  cuanto merecemos. Todos tenemos bloqueos, sentimientos de culpa, ideas pre-concebidas, miedos, que nos impiden, consciente o inconscientemente, darnos cuenta del potencial existente ahí fuera, o mejor dicho, en nuestro interior, para jugar y moldear esa energía según nuestros sueños.
Eliminar esas creencias limitadoras no es trabajo de un día, pues están bien puestas en nosotros, pero eso no significa que el universo no sea un infinito recurso que nunca se acaba y que siempre está a nuestra disposición.

Competir para tener más

Estamos tan centrados en la idea de la escasez, que siempre competimos por todo para conseguir cosas antes de que los demás “terminen con ellas” o “nos quedemos sin nuestra parte del pastel”. La competición entre las personas es el reflejo de la mentalidad de que “no hay bastante” para todos. Imaginaros si todos pudiéramos ser, hacer y tener absolutamente todo lo que quisiéramos. ¿En que sana cabeza entraría la idea de pelearnos o discutir por algo si todo el mundo puede tener todo lo que quiere? Sin embargo, puesto que la mentalidad humana y la mente colectiva han creado una realidad común para todos, en la que la norma es pensar que nunca hay bastante, estaremos siempre compitiendo, en cierta forma,  para no ser quien se quede sin su parte.  Si cambiáramos la forma de ver el mundo, siempre habría bastante.  Si algo físico se “agotara”, se crearía otro equivalente inmediatamente y el ciclo seria infinito. Si se trata de algo no físico, ni siquiera tiene sentido plantearse que vayamos a quedarnos fuera del reparto. Que queremos, ¿mas poder? ¿mas amor? ¿mas riqueza? ¿mas carisma? ¿mas amistad? ¿mas control? De todo eso hay en el Universo, vibrando en la piscina de energía en estado potencial, todo lo que queramos y mas. Solo es cuestión de saberlo materializar.

¿Cuando tenemos bastante?

Uno de los problemas de nuestro condicionamiento es que nunca tenemos bastante, o creemos que no somos bastante “algo” (bastante buenos, bastante valientes, bastante libres, bastante independientes, etc). La verdad es que somos mas que bastante para todo. En este mismo momento, somos perfectos, completos y enteros tal y como somos. La cuestión de desear más no es sino la consecuencia de que nuestro ser esta siempre creciendo y expandiéndose, lo cual trae la sensación de que debemos alcanzar más y tener más para estar completos. Pero, en el momento en que llegamos a ese nuevo nivel en el cual tenemos lo que ayer queríamos, estamos de nuevo creciendo, intentando llegar a otro nivel, y ya deseamos más de nuevo. Porque seguimos evolucionando y seguimos buscando nuevas experiencias, a nivel espiritual, y eso se transforma en la idea de que hay que tener y querer mas. El problema es que si siempre estamos mentalmente con la sensación de que “no es suficiente”, ¿cuando conseguiremos por fin sentir que tenemos lo que queríamos? ¿en que momento será suficiente? ¿cuando estaremos satisfechos? La respuesta es que nunca lo estaremos.

Si siempre miramos hacia el exterior, a las circunstancias y eventos, esperando que se conviertan en algo que nos de “más”,  jamás estaremos un estado de aceptación de lo que somos ahora, en el presente, apreciando lo que ya tenemos. Si continuamos buscando en el exterior, a la caza de cosas para sentirnos llenos, jamás estaremos satisfechos, pues ahí fuera siempre hay más por coger, por obtener y por acumular.
Cuando vives a partir del sentimiento que aquello que tienes ahora es perfecto, que tienes lo que necesitas en este mismo instante, la vida se vive a través de una gran paz. No se trata de conformarnos, sino de aceptar que ahora, en este momento, somos seres completos y en evolución, y que a medida que evolucionemos iremos adquieriendo aquello que nos sea necesario.

Agradecer lo que uno tiene en estos momentos proporciona la tranquilidad y la alegría de saber que se pueden manifestar muchas más cosas; ese sentimiento dará paso a una seguridad de que no es necesario competir para obtener lo que uno quiere, para sentirse feliz, y esa vibración de felicidad será la que atraiga a nuestra realidad situaciones y cosas que sigan perpetuándola.

Las manifestaciones más impresionantes ocurren cuando nuestro estado interior es aquel que resuena con la satisfacción de saber que todo es perfecto en estos momentos y que estamos en paz con nosotros mismos por ello. El amor perfecto, el trabajo perfecto, el entorno social ideal o los recursos materiales, todo puede ser manifestado a partir del sentimiento de que las cosas están bien tal y como están, y el potencial para cambiarlas esta todo dentro de nosotros, y nunca fuera.
Cuenta tus bendiciones, aquello que tienes, y verás que tu vida es mucho mejor de lo que te habías planteado que era, y , por supuesto, sigue evolucionando y creciendo, pero siempre sabiendo que el potencial para tener todo lo que deseas está todo en tu interior, y que solo es necesario activarlo para llegar a disfrutar de la abundancia del Universo.

   La Ley de la Abundancia

lunes, 26 de diciembre de 2016

Dhammapada XXVI Enseñanzas del Buddha



Los odios aquí nunca se apaciguan con el odio. Pero con el amor se apaciguan. Ésta es una ley antigua.

La vigilancia es el camino a la no muerte. La negligencia es el camino a la muerte. Los vigilantes no mueren. Los negligentes son como muertos.

Aquellos que contendrán la mente, que va lejos, que anda sola, incorpórea, que yace en una cueva, se liberarán de los vínculos de Māra.

La muerte se lleva al hombre de mente apegada que sólo recoge flores, como la gran correntada se lleva al poblado dormido.

Aquel necio que comprende su necedad, por esto es un sabio; pero el necio que se considera sabio, ése ciertamente es un necio.

Si viese a un sabio, que como un guía que lleva a un tesoro escondido, señala y censura las faltas, uno debería asociarse con este sabio. Es sólo para bien, no para mal, asociarse con tal.

Así como una roca sólida no se mueve por el viento, los sabios no se conmueven ante la crítica y el elogio.

La fiebre no existe para aquel que ha andado el camino, sin pesar, liberado de todo, que ha cortado todos los nudos.

Y uno podría vivir cien años no viendo el estado inmortal; mejor es un día de vida de uno que ve el estado inmortal.

Aun el bueno ve el mal mientras el bien no madura. Pero cuando el bien madura, entonces los bienes el bueno ve.

Todos tiemblan ante el castigo, todos temen a la muerte. Haciendo la comparación con uno mismo, uno no debería dañar, ni debería hacer dañar.

Ciudad construida de huesos, cubierta de carne y sangre: Allí están depositadas la vejez y la muerte, la vanidad y la ingratitud.

Uno mismo es realmente el protector de uno mismo. ¿Qué otro protector habría? En verdad, entrenándose bien a sí mismo, uno obtiene un protector difícil de obtener.

Uno mismo es realmente el protector de uno mismo. ¿Qué otro protector habría? En verdad, entrenándose bien a sí mismo, uno obtiene un protector difícil de obtener.

No hacer ningún mal. Generar el bien. Purificar la propia mente. Ésta es la enseñanza de los Buddhas.

La salud es la mejor ganancia; el contentamiento es la mejor riqueza; alguien de confianza es el mejor familiar; el Nibbāna es la Felicidad Suprema.

Del deseo surge pesar; del deseo surge miedo. En ése liberado del deseo no hay pesar, ¿de dónde miedo?

Uno debería conquistar el odio con el amor; debería conquistar el mal con el bien; debería conquistar la mezquindad con la generosidad, la mentira con la verdad.

Gradualmente, poco a poco, momento a momento, el sabio debería remover la impureza de sí mismo como el platero [remueve] la de la plata.

Porque habla mucho, no por esto es sabio. Ése con seguridad, sin enemistad, sin miedo, es llamado sabio.

De los senderos, el óctuple es el mejor; de las verdades, las cuatro sentencias; la ausencia de pasión es el mejor de los estados; y de los bípedos, el que ojos tiene.

Si al abandonar una moderada cantidad de felicidad viese abundante felicidad, el sabio, viendo la abundante felicidad, debería dejar esta moderada cantidad de felicidad.

Mejor es no hacer una mala acción; una mala acción atormenta después. En cambio mejor es hacer una buena acción; habiéndola hecho, no se arrepiente uno.

Si uno no consiguiese a un compañero sagaz con quien andar, un sabio que vive bien, debería andar solo como el rey que ha abandonado el reino conquistado, como el elefante Mātaṅga en la selva.

Conquistador de todo, conocedor de todo, yo soy, no contaminado entre todas las cosas. He abandonado todo, estoy liberado por la destrucción del deseo. Habiendo comprendido por mí mismo, ¿a quién debería señalar [como mi maestro]?

El bhikkhu de mente serena, que ha entrado en una casa vacía y que percibe claramente el Dhamma, experimenta un goce superior al de los humanos.

Ese que conoce las vidas pasadas y los cielos y los infiernos y que ha alcanzado la cesación de los nacimientos; el sabio perfecto en conocimiento, que ha logrado todo, a ése yo llamo un brahmán.


Dhammapada