lunes, 26 de diciembre de 2016

Dhammapada XXVI Enseñanzas del Buddha



Los odios aquí nunca se apaciguan con el odio. Pero con el amor se apaciguan. Ésta es una ley antigua.

La vigilancia es el camino a la no muerte. La negligencia es el camino a la muerte. Los vigilantes no mueren. Los negligentes son como muertos.

Aquellos que contendrán la mente, que va lejos, que anda sola, incorpórea, que yace en una cueva, se liberarán de los vínculos de Māra.

La muerte se lleva al hombre de mente apegada que sólo recoge flores, como la gran correntada se lleva al poblado dormido.

Aquel necio que comprende su necedad, por esto es un sabio; pero el necio que se considera sabio, ése ciertamente es un necio.

Si viese a un sabio, que como un guía que lleva a un tesoro escondido, señala y censura las faltas, uno debería asociarse con este sabio. Es sólo para bien, no para mal, asociarse con tal.

Así como una roca sólida no se mueve por el viento, los sabios no se conmueven ante la crítica y el elogio.

La fiebre no existe para aquel que ha andado el camino, sin pesar, liberado de todo, que ha cortado todos los nudos.

Y uno podría vivir cien años no viendo el estado inmortal; mejor es un día de vida de uno que ve el estado inmortal.

Aun el bueno ve el mal mientras el bien no madura. Pero cuando el bien madura, entonces los bienes el bueno ve.

Todos tiemblan ante el castigo, todos temen a la muerte. Haciendo la comparación con uno mismo, uno no debería dañar, ni debería hacer dañar.

Ciudad construida de huesos, cubierta de carne y sangre: Allí están depositadas la vejez y la muerte, la vanidad y la ingratitud.

Uno mismo es realmente el protector de uno mismo. ¿Qué otro protector habría? En verdad, entrenándose bien a sí mismo, uno obtiene un protector difícil de obtener.

Uno mismo es realmente el protector de uno mismo. ¿Qué otro protector habría? En verdad, entrenándose bien a sí mismo, uno obtiene un protector difícil de obtener.

No hacer ningún mal. Generar el bien. Purificar la propia mente. Ésta es la enseñanza de los Buddhas.

La salud es la mejor ganancia; el contentamiento es la mejor riqueza; alguien de confianza es el mejor familiar; el Nibbāna es la Felicidad Suprema.

Del deseo surge pesar; del deseo surge miedo. En ése liberado del deseo no hay pesar, ¿de dónde miedo?

Uno debería conquistar el odio con el amor; debería conquistar el mal con el bien; debería conquistar la mezquindad con la generosidad, la mentira con la verdad.

Gradualmente, poco a poco, momento a momento, el sabio debería remover la impureza de sí mismo como el platero [remueve] la de la plata.

Porque habla mucho, no por esto es sabio. Ése con seguridad, sin enemistad, sin miedo, es llamado sabio.

De los senderos, el óctuple es el mejor; de las verdades, las cuatro sentencias; la ausencia de pasión es el mejor de los estados; y de los bípedos, el que ojos tiene.

Si al abandonar una moderada cantidad de felicidad viese abundante felicidad, el sabio, viendo la abundante felicidad, debería dejar esta moderada cantidad de felicidad.

Mejor es no hacer una mala acción; una mala acción atormenta después. En cambio mejor es hacer una buena acción; habiéndola hecho, no se arrepiente uno.

Si uno no consiguiese a un compañero sagaz con quien andar, un sabio que vive bien, debería andar solo como el rey que ha abandonado el reino conquistado, como el elefante Mātaṅga en la selva.

Conquistador de todo, conocedor de todo, yo soy, no contaminado entre todas las cosas. He abandonado todo, estoy liberado por la destrucción del deseo. Habiendo comprendido por mí mismo, ¿a quién debería señalar [como mi maestro]?

El bhikkhu de mente serena, que ha entrado en una casa vacía y que percibe claramente el Dhamma, experimenta un goce superior al de los humanos.

Ese que conoce las vidas pasadas y los cielos y los infiernos y que ha alcanzado la cesación de los nacimientos; el sabio perfecto en conocimiento, que ha logrado todo, a ése yo llamo un brahmán.


Dhammapada