miércoles, 26 de noviembre de 2014

La vía chamánica de don Juan/Castañeda.





Tuve noticias del trabajo del antropólogo don Carlos Castañeda en el año 1974 cuando el buque en que yo navegaba, el Mount Edén, arribó al puerto de Nueva Orleáns. Entré en una de las mejores librerías de esa histórica ciudad y le hablé al dependiente de mis inquietudes, quien me ofreció el libro Las enseñanzas de don Juan, que era el primer libro de antropología de campo de Castañeda. Después de este libro, escribiría otros cuantos más.

La obra de Castañeda apareció en España en los años setenta y fue muy bien recibida. Sigue teniendo un buen puñado de seguidores.

El chamanismo mesoamericano que practicaba don Juan Matus, recogido por Carlos Castañeda, es un sistema de prácticas que facilitan el acceso a una realidad aparte. Algunos de los elementos de esta vía del guerrero son: la figura del chamán o guía, las realidades ordinaria y aparte, el tonal y el nagual. El trabajo con el ego, los pinches tiranos, la importancia personal, la cháchara mental, el desapego. Los niveles de atención, la voluntad del guerrero, los no-haceres, la impecabilidad, el arte del acecho, la intención, el punto de encaje, el ensueño. Las emanaciones del Águila y los campos energéticos, etc.

Los pinches tiranos y la importancia personal.
Trabajar con los pinches tiranos es el refinamiento del arte del acecho.
Los pinches tiranos son aquellas personas que nos aguijonean en nuestra importancia personal. Es un torturador, alguien que le hace la vida imposible al guerrero y tiene el poder de acabar con él. Cualquiera puede ser un pinche tirano para nosotros. Don Juan dice que el guerrero que se encuentra con un pinche tirano es afortunado, y si no lo encuentra, tiene que ir a buscarlo.

Cada uno tiene su particular pinche tirano, bien sea persona o situación adversa contraria a la propia voluntad, especialmente aquellas en las que el ego se siente afectado y amenazado. Situaciones de maltrato, ofensa, humillación, etc.

El pinche tirano nos hace de espejo de nuestra importancia personal, podemos ver todo aquello que nos hace daño, pero no queremos desapegarnos de ello. El pinche tirano nos hace de resonador de los elementos negativos de uno mismo. Proyectamos nuestros problemas sobre los pinches, los cuales reflejan nuestros propios conflictos.

El problema está en uno y tiene que ver con la importancia personal. Cuando la importancia personal es muy grande y no tenemos estrategias para manejar las acciones del pinche tirano, sucumbimos ante él. Pero si nos enfrentamos a los pinches tiranos desde una posición de poder, entonces templaran nuestro espíritu de guerrero y adquirimos la sobriedad y la serenidad necesarias para enfrentarnos con el mundo de lo desconocido.

Hacer un buen uso de un pinche tirano y no morir en el intento asegura la eliminación de la importancia personal y prepara a los guerreros a la comprensión de que la impecabilidad es lo más importante en el camino del conocimiento. Por el contrario, si la persona sucumbe ante un pinche tirano, quedará derrotada, sucediendo que, o bien se agrupa y vuelve a la pelea con más tino, o abandona el camino del guerrero y se convierte en un pinche tirano.

El defecto fatal es tomar demasiado en serio los sentimientos propios, así como las acciones de los pinches tiranos. Los guerreros tienen una buena estrategia bien pensada y están libres de su importancia personal, pues comprenden que la realidad no es más que una interpretación personal que hacemos de la misma.

Don Juan comenta la siguiente experiencia con un pinche tirano. Apenas tenía veinte años de edad cuando consiguió un empleo como jornalero en un molino de azúcar. Había un capataz que durante varios años le hizo la vida totalmente imposible sometiéndole a trabajos forzados y a todo tipo de vejaciones. Un buen día intentó huir, pero el capataz lo alcanzó y le pegó un tiro en el pecho, dándole por muerto. Su benefactor lo encontró y le dijo: "ese capataz es un verdadero tesoro, es algo demasiado raro para ser desperdiciado. Algún día tienes que volver a esa casa". Y así fue. Volvió al cabo de tres años, pero con una buena estrategia utilizando los cinco atributos del ser guerrero: control y disciplina, impecabilidad, refrenamiento, la habilidad para escoger el momento oportuno. Don Juan volvió al molino sin ser reconocido por el capataz. Gracias a su estrategia, no sintió ni pizca de orgullo cuando era pisoteado en su importancia personal, afinando su espíritu y teniendo un control en cada situación. Ejerció el arte del acecho y exploró el carácter y las debilidades del capataz, pues así conocía mejor a su enemigo. Don Juan se libró de su pinche tirano haciéndole sucumbir ante las propias pasiones de éste. Había pasado seis meses en el molino y durante ese tiempo ejerció los cuatro atributos del ser guerrero, logrando el triunfo. Nunca sintió compasión por sí mismo, ni lloró de impotencia.

Clasificación de los pinches tiranos:
1. Los pinches tiranos tienen el poder de acabar con la vida de sus víctimas a capricho.
2. Los pinches tiranitos hostigan e infligen injurias sin llegar a causar la muerte de sus víctimas.
3. Los repinches tiranitos (o pinches tiranitos chiquititos) producen molestias y exasperación sin fin.

División de los pinches tiranitos, cuatro categorías:
1. Los que atormentan con brutalidad y violencia.
2. Los que atormentan creando aprensión.
3. Los que oprimen generando tristeza.
4. Los que atormentan haciendo enfurecer.

La importancia personal es el núcleo de todo lo que tiene valor en nosotros, siendo al mismo tiempo el núcleo de toda nuestra podredumbre. Es el modo en que cada uno construye y maneja la realidad tratando de autoafirmarse y convencerse de que es real, cuando en realidad es una ilusión. La importancia personal es nuestro mayor enemigo, por culpa de ella consumimos gran parte de nuestras vidas sintiendo dolor por las ofensas de los demás. Es un terrible estorbo, por su culpa nos hacemos vulnerables.

Para erradicar la importancia personal de la vida de los guerreros hay que seguir las cinco estrategias para alcanzar la invulnerabilidad.

Cinco estrategias o atributos fundamentales del ser guerrero para erradicar la importancia personal: control y disciplina, impecabilidad, refrenamiento, la habilidad para escoger el momento oportuno y el intento. Estos cinco elementos pertenecen al mundo privado del guerrero. Los primeros cuatro elementos pertenecen al mundo de lo conocido. El quinto elemento, el intento, se reserva para la última confrontación, porque pertenece al mundo de lo desconocido. El sexto elemento es el pinche tirano y pertenece al mundo exterior del guerrero.

El control y la disciplina se logra cuando las personas comunes dan el paso para convertirse en aprendices, esto supone un cambio de ideas con respecto a sí mismos y al mundo; es entonces cuando se convierten en guerreros. Este proceso les hace capaces del máximo de disciplina y control sobre sí mismos. Ejercer el control es afinar el espíritu cuando alguien nos pisotea.

La impecabilidad es el uso adecuado de la energía. Los guerreros hacen inventarios estratégicos para enfrentarse a sus enemigos y hacen listas de sus actividades y sus intereses. Después de esto deciden cuáles pueden cambiarse considerando un mínimo del consumo de la energía y un máximo rendimiento. El inventario estratégico sólo concierne a patrones de comportamiento que no son esenciales para nuestra supervivencia y, por consiguiente, hay que eliminar.

El refrenamiento y la habilidad para escoger el momento oportuno es esperar con paciencia, sin prisas y sin angustia el momento oportuno para "clavarle la espada" al pinche tirano.
Gracias a estos atributos, los guerreros se convierten en hombres de conocimiento y aprenden a ver, haciéndose videntes.

 Por Carlos Velasco Montes. Psicólogo

viernes, 21 de noviembre de 2014

CONSEJOS DE MÉDICO JAPONÉS DE 101 AÑOS




El Dr. Shigeaki Hinohara, oriundo de Japón, cumplió 101 años en el 2013.
Shigeaki Hinohara es uno de los doctores y educadores con más años de servicio. Su labor es legendaria, ya que desde el año 1941, Hinohara se ha dedicado a tratar pacientes en el Hospital Internacional St. Luke's, en Tokio, y enseñar en la facultad de enfermería de St. Luke's.  


Desde que cumplió 75 años, este reconocido profesional ha publicado 15 libros, incluyendo uno llamado “Viviendo mucho, viviendo bien”, que ha vendido más de 1.2 millones de copias en todo el mundo. Como fundador del Nuevo Movimiento de La Tercera Edad, Hinohara alienta a todas las personas a vivir vidas largas y felices, algo en lo que el parece ser experto.

Las claves del Dr. Shigeaki Hinohara para una vida larga y plena:

• La energía proviene de la sensación de bienestar. No de la buena alimentación o el descanso: todos recordamos como cuando éramos niños, y nos estábamos divirtiendo, con frecuencia nos olvidábamos de comer o dormir. Creo que siendo adultos podemos mantener la misma actitud. Es mejor no saturar al cuerpo con demasiadas reglas y horarios.

• Las personas más longevas, sin importar la nacionalidad, la raza o el género, comparten una cosa en común: ninguno de ellos tiene sobrepeso. Para el desayuno bebo una taza de café, un vaso de leche y jugo de naranja con una cucharada de aceite de oliva, ya que este producto es excelente para la salud de las arterias y la piel. En el almuerzo tomo un vaso de leche con algunas galletitas, o nada si no tengo tiempo para comer. Nunca tengo hambre porque me concentro en el trabajo. La cena consiste de vegetales, un poco de pescado o arroz y, dos veces por semana, 100 gr de carne magra.

• Siempre planifica con anticipación: mi agenda ya está completa hasta el 2014, con conferencias y mis tareas habituales en el hospital. Sin embargo, en el 2016 me voy a divertir un poco, ya que planeo concurrir a las Olimpiadas de Tokio.

• No hay necesidad de jubilarse, pero si tenemos que hacerlo, debería ser mucho después de los 65 años: la jubilación a los 65 años fue establecida medio siglo atrás, cuando la esperanza de vida promedio en Japón era de 68 años, y solo 125 japonenses superaban los 100 años de edad. En la actualidad, las mujeres japonesas viven cerca de 86 años, y los hombres 80. Además, en nuestro país  tenemos más de 36.000 centenarios, lo cual significa que en 20 años podríamos tener cerca de 50.000 personas mayores de 100 años.

• Comparte tu conocimiento: yo doy más de 150 conferencias por año, algunas van dirigidas a grupos de 100 niños de primaria, y otras a grupos de 4.500 empresarios. Por lo general, doy charlas de 60 a 90 minutos, en las cuales permanezco de pie para mantenerme fuerte.

• Cuando un doctor te recomienda realizar cierto examen o cirugía, pregúntate si esa persona le sugeriría el mismo procedimiento a su pareja o a sus hijos: a diferencia de la creencia popular, los doctores no pueden curar a todo el mundo. Por eso, ¿por qué someter el cuerpo a dolores innecesarios mediante una cirugía? En mi opinión, la música y la terapia animal pueden lograr cosas que los doctores ni siquiera imaginan.

• Para mantenerte saludable, siempre elige las escaleras y lleva tus propias pertenencias: para mantenerme saludable, siempre elijo las escaleras. 

• Mi inspiración es el poema "Abt Vogler” de Robert Browning. Mi padre solía leérmelo cuando era pequeño. El poema nos inspira a realizar grandes obras de arte, no pequeños garabatos. Sus palabras nos invitan a dibujar un círculo tan grande que será imposible de terminar mientras estamos vivos. Todo lo que vemos es un arco, el resto se encuentra fuera del alcance de nuestra visión pero sigue allí, en la distancia.

• El dolor es misterioso y la diversión es la mejor forma de olvidarlo:si comienzas a jugar con un niño que sufre de dolor de muelas, este se olvidará del dolor inmediatamente. Los hospitales deben responder a las necesidades básicas de los pacientes, y una de ellas es la diversión. En el hospital St. Luke's contamos con terapias con música y animales y talleres de arte.

• No te desesperes por acumular bienes materiales: recuerda que cuando te llegue la hora, no podrás llevártelos contigo.

• Los hospitales deben estar diseñados y preparados para enfrentar las más serias catástrofes, y deben aceptar a cada paciente que aparece en la puerta. El Hospital St. Luke's está diseñado de manera que pueda funcionar en cualquier parte, como el sótano, los pasillos o la capilla. Muchas personas creían que estaba loco al prepararme para una catástrofe. Sin embargo, por desgracia, el 20 de marzo de 1995 el destino me dio la razón cuando miembros del culto Aum Shinrikyu hicieron un ataque terrorista en el subterráneo de Tokio. Ese día atendimos a 740 víctimas, y en dos horas logramos descubrir que habían sido atacadas con gas sarín. Tristemente, perdimos la vida de una persona pero salvamos a las otras 739.

• La Ciencia sola no puede curar o ayudar a las personas: la ciencia considera a las personas en masa, pero la enfermedad es individual. Cada persona es única, y las enfermedades están conectadas a sus corazones. Para conocer la enfermedad y ayudar a las personas, necesitamos artes liberales y visuales, no solo medicinales.

• La vida está llena de incidentes: el 31 de marzo de 1970, cuando tenía 59 años, embarqué en el Yodogo, un vuelo de Tokio a Fukuoka. Era una hermosa mañana soleada y, cuando se empezaba a divisar el Monte Fuji, el avión fue secuestrado por un grupo del Ejército Rojo Japonés. Los siguientes 4 días los pasé esposado a mi asiento, bajo una temperatura de 40 grados. Decidí ver la situación como un experimento y me sorprendí al ver como mi cuerpo logro mantenerse calmo durante la crisis. 

• Encuentra un modelo y proponte lograr más de lo que el o ella ha logrado: mi padre viajó a Estados Unidos en el año 1900 para estudiar en la Universidad Duke, en Carolina del Norte. Él fue un pionero y uno de mis héroes. 

• Vivir muchos años es maravilloso: hasta los 60 años, es fácil trabajar para nuestra familia y alcanzar nuestros objetivos. Sin embargo, en los años posteriores, deberíamos proponernos el objetivo de contribuir a la sociedad. Desde que tengo 65 años he servido como voluntario, y esta edad, aun dedico 18 horas, siete días a la semana a esa tarea y disfruto cada minuto.

domingo, 16 de noviembre de 2014

VER ES CREER: LOS CUATRO MUNDOS DEL CHAMÁ


VER ES CREER: LOS CUATRO MUNDOS DEL CHAMÁN





Una de las cosas más confusas que enfrentan los estudiantes del chamanismo es la forma en que los chamanes miran mundo. Confunde a mis alumnos en la actualidad y ciertamente me confundió a mí cuando me iniciaba en esta tradición. En mi época de adolescente, en el campo, a veces mi padre, al igual que los demás agricultores, hablaba de los cultivos y animales que había a nuestro alrededor, y en algunas ocasiones se dirigía a ellos como si los cultivos y los animal fueran seres inteligentes, capaces de comprenderle y responderle. A pesar de que yo también aprendí a hacerlo, tuvo que transcurrir bastante tiempo para llegar a comprender el proceso. En una época determinada, todas las conversaciones con los árboles, flores, insectos, rocas y edificios que tenía lugar a mi alrededor, me impedían concentrarme en mi trabajo. Entonces, de algún modo, aprendí a abrirme y cerrarme aquel tipo de concienciamiento, sin saber cómo lo hacía.De M’Bala, mi maestro chamán en África, aprendí a fusionarme con los animales de la jungla, después de entrar en un trance profundo. Creía que el estado de trance era el me dio de conseguir el cambio, hasta que me di cuenta de que él lo lograba en un abrir y cerrar de ojos, sin entrar en trance Evidentemente el trance no era más que un instrumento y n la causa del cambio experiencial.
Mi tío kahuna hawaiiano, Wana Kahili, me enseñó a emprender viajes interiores repletos de asombro y terror, y a discernir augurios en las nubes, hojas y muebles. Sin embargo, también me enseñó a ser muy consciente de mi estado al despertar y a cómo no ver augurios, ya que en ciertos momentos esto puede ser igualmente importante.
Mi padre, M’Bala y Wana Kahili dedicaron muy poco tiempo a explicarme los fenómenos que me enseñaban a experimentar. Eran todos del parecer de que la experiencia es el mejor modo de aprender y de que las explicaciones intelectuales supondrían una traba. Este fue un buen método para salir de mi obstinación mental e introducirme en mi cuerpo, pero el hecho de tener que afrontar las dudas y temores generados por la cultura no chamánica en la que también vivía demoró considerablemente mi aprendizaje. En mis propias vivencias como alumno y como maestro, he descubierto que satisfacer el intelecto suele reducir las barreras analíticas y emocionales que dificultan el aprendizaje, permitiendo una asimilación mucho más rápida de la experiencia. Por ello, he pasado muchos años analizando, sin juzgarlas, mis experiencias personales, así como las de otros chamanes, a fin de adquirir una mayor comprensión de lo que hacemos cuando lo hacemos, para poderlo compartir más fácilmente.
El auténtico punto de partida fueron las enseñanzas de Wana Kahili sobre los cuatro mundos (niveles o clases de experiencia) entre los que todo el mundo fluctúa espontánea y, por regla general, inconscientemente, pero que los chamanes cultivan a conciencia. Se trata del ike papakahi (literalmente: primer nivel de experiencia) , el ike papalua (segundo nivel de experiencia) , el ike papakolu (tercer nivel de experiencia) y el ike papaha (cuarto nivel de experiencia) . En términos generales, me explicó que éstos representaban respectivamente el mundo ordinario, el mundo psíquico, el mundo de los sueños y el mundo existencial. Por razones didácticas he optado por definirlos como mundos objetivo, subjetivo, simbólico y holístico. También me dijo que dichos mundos eran comunes a todas las personas, no sólo a los chamanes, y que la única diferencia consistía en que los chamanes los utilizaban con conocimiento y propósito. También agregó que gran parte de la con fusión en la vida de la gente emana de una mezcla de dichos mundos en la mente y en el habla. Mi objetivo era el de instruir a mucha gente en poco tiempo sobre la experiencia chamánica, por lo que a pesar de un punto de partida tan favorable, me quedaba mucho por aprender. Lo que figura a continuación es un breve resumen de dicha búsqueda e investigación.
¿Qué hacemos cuando realizamos un trabajo chamánico? Hablamos con la naturaleza y con los espíritus; cambiamos el tiempo y creamos acontecimientos; curamos mentes y cuerpos, y canalizamos extraños seres; volamos fuera del cuerpo, nos trasladamos a otras dimensiones y vemos lo que otros no pueden ver; además, pagamos nuestros impuestos, lavamos el coche y hacemos la compra. ¿Hay algo que sirva de conexión entre actividades tan diversas, o se trata simplemente de una serie de conocimientos independientes?

Existe una pista importantísima en el primero y fundamental principio de Huna, término genérico de la filosofía polinesia de la vida en la que yo me formé. Dicho principio afirma que “el mundo es lo que crees que es”. Otra forma más popular de decir lo mismo es: “nosotros creamos nuestra propia realidad”. Sin embargo, la mayoría de la gente que lo dice no lo acepta plenamente, porque creen que lo único que eso significa es que todo lo malo que les ocurre es culpa suya. Incluso los que lo aceptan con una comprensión más profunda siguen limitando su significado a la idea de que son responsables de sus sentimientos y de su experiencia, y de que si convierten sus pensamientos negativos en positivos, comenzarán a atraer una experiencia positiva, en lugar de negativa.

Los chamanes, sin embargo, van mucho más lejos. Para nosotros, no sólo significa atraer la experiencia con nuestro pensamiento, sino verdaderamente crear realidades. Con nuestros supuestos, actitudes y expectativas, hacemos que las cosas sean posibles o imposibles, reales o irreales. En otras palabras, cambiando el marco de la mente podemos hacer cosas ordinarias y no ordinarias en la misma dimensión física que compartimos con todos los demás. Repito que esto no es privativo de los chamanes. Lo único distinto es la forma en que aplicamos el principio.La forma de cambiar la experiencia y poder usar facultades no normales en una realidad determinada consiste en cambiar un conjunto de creencias (o suposiciones, actitudes y expectativas) acerca de dicha realidad, por otro conjunto. Parece muy sencillo y lo es. Lo más difícil -y puede serlo en grado sumo para algunos- es aceptar su simplicidad, porque esto significa cambiar la idea que uno tiene de la realidad.
El modelo que presento a continuación ha sido específicamente diseñado para que los chamanes modernos puedan distinguir clara y conscientemente entre distintos niveles de realidad o conjuntos mentales. Esto no sería necesario en una sociedad más familiarizada con el chamanismo y con una mejor disposición hacia la aceptación del mismo. Se realizarían los mismos cambios, pero de un modo más intuitivo, porque habría menos conjuntos mentales contradictorios con otras filosofías, tanto religiosas como seglares. Imaginemos, por ejemplo, a un antropólogo moderno estudiando una cultura indígena en una isla del Pacífico meridional. Un buen día aparece el chamán del pueblo y les comunica a sus conciudadanos que, mientras estaba en el campo quitando las malas hierbas, la diosa Hina ha descendido por un arco iris y le ha advertido que se acercaba un huracán, antes de convertirse en pájaro y salir volando.

El chamán alterna fácilmente el trabajo del campo con el de hablar con la diosa y sus conciudadanos lo aceptan sin dificultad alguna, porque esperan que el chamán sea capaz de realizar ambas tareas. Sin embargo, es probable que la mente del antropólogo se rija por un conjunto de ideas en las que sólo haya cabida para la alucinación inducida por las drogas, la aberración mental, la farsa, o la dramatización de una percepción ordinaria. La posibilidad de que el chamán se comunique realmente con un espíritu la elude por completo, así como su propia capacidad para hacer otro tanto.Al hablar a continuación de los distintos mundos, es conveniente tener en cuenta que se pueden penetrar someramente, como quien se moja los dedos de los pies en un estanque, o con la plenitud de quien se zambulle en las profundidades del océano.
Ike papakahi: el mundo objetivo

El mundo del primer nivel es lo que la mayoría de la gente en la sociedad moderna llamaría realidad ordinaria. Tomando como ejemplo un prado en pleno bosque, la mera experiencia sensorial del mismo (los colores de las plantas, la tierra y el firmamento, el olor de las flores, el canto de los pájaros, la sensación de la brisa en la piel, la percepción del movimiento de una gama con sus cervatillos) tendría lugar en un marco objetivo. Desde esta perspectiva también parecería evidente e incuestionable que el prado tiene unas dimensiones determinadas, un número concreto de árboles de ciertas especies, que unos son de madera dura y hoja caduca y otros coníferas, que una cantidad específica de animales de distintos géneros puebla la zona, que alguien es propietario de la misma, etc. Todo esto sería evidentemente cierto, pero sólo a dicho nivel de percepción. Este primer nivel, por evidente que parezca, sólo es perceptible de ese modo gracias a una creencia o supuesto fundamental que sirve de marco de referencia al mundo objetivo: el supuesto de que todo es independiente. Éste es el supuesto que da cabida a la experiencia sensorial directa, la física clásica y las diversas filosofías de causa y efecto.Suele ser bastante difícil que la gente formada en dicha creencia sea capaz de verla como un simple supuesto. Es evidente que aparenta ser la única verdad posible. Pero ésta es la naturaleza de los supuestos fundamentales. Toda experiencia tiende a ser consecuente con los supuestos acerca de la experiencia. Es como ponerse unas gafas de color rosa y olvidar que se llevan puestas. Si uno jamás recuerda que se las puede quitar, siempre pensará que el color rosa es el único y natural del mundo. La falta de consonancia se manifiesta cuando uno descubre, consciente o inconscientemente, otros supuestos, como por ejemplo cuando se le caen las gafas, o cuando recuerda que algún día se las puso, o cuando sueña con un mundo verde. Entonces uno puede abrirse a la experiencia de otros niveles. El chamán aprende lo antes posible que el mundo objetivo no es más que una forma de ver.
La idea de que todo es independiente es muy útil y poderosa. Ha estimulado los viajes, la exploración, la ciencia, la industria y todos los milagros de la tecnología moderna, incluidos los que han permitido que esta obra se publique. Sin embargo, también ha servido para justificar la esclavitud, el racismo, las guerras, la vivisección, la contaminación y la explotación abusiva de los recursos del planeta. Debemos comprender que el supuesto en sí no es bueno ni malo. Los seres humanos debemos crear otros supuestos relacionados con los sistemas de valores antes de poder introducir el concepto: de bueno o malo, y éstos pueden operar en cualquier otra nivel de la realidad. Por ejemplo, observando objetivamente el mencionado prado, puede considerarse como bueno porque constituye una fuente de nutrición para diversos animales. O puede considerarse como malo porque ocupa un valioso espacio, que sería mejor utilizar para construir casas o alimentar seres humanos. El caso es que el uso o abuso del medio ambiente o de sus habitantes se basa en la idea de que las cosas son independientes, vistas desde un sistema de valores personal.

Dos supuestos secundarios del mundo objetivo son el de que todo tiene un principio y un fin, y el de que todo efecto es producto de una causa. Algún acto u otro constituye la causa del nacimiento o principio de la existencia de las cosas, que un día mueren o dejan de existir. Esto es de vital interés en el pensamiento objetivo y despierta grandes polémicas en cuanto a las causas físicas de las enfermedades y al momento exacto en que un grupo de células se convierte en un ser humano. Se gastan enormes sumas de dinero para determinar las causas sociales y ambientales de la delincuencia, y en la conservación de edificios históricos, porque su desaparición supondría una pérdida cultural. Y la gente sufraga toda clase de cargas emocionales y económicas, a fin de descubrir el trauma específico de su infancia responsable de su desdicha actual, y para prolongar la existencia del cuerpo físico. Todo ello tiene perfecto sentido visto desde el supuesto antes mencionado, pero desde otras perspectivas no tiene sentido alguno.Algunas personas evalúan el mundo objetivo como nocivo y procuran huir del mismo, menospreciarlo o negarlo. Sin embargo, en el pensamiento chamánico, el mundo objetivo es simplemente otro lugar donde operar, y el proyecto chamánico es hacerlo con eficacia en cualquiera de los mundos. Por consiguiente, en su función esencialmente curativa, el chamán podrá utilizar supuestos del mundo objetivo, a fin de adquirir pericia en métodos de curación como el masaje, la quiropráctica, las hierbas y medicinas, la cirugía y el ejercicio, o la nutrición y la cromoterapia, sin limitarse a los supuestos de dichos métodos.
Ike papalua: el mundo subjetivo

Ahora supongámonos de nuevo en el prado. En esta ocasión somos conscientes de la interdependencia del mundo natural, de las funciones de apoyo mutuo desempeñadas por los elementos de luz y sombra, viento y agua, tierra y piedra, árboles, pájaros, flores e insectos. Más que meros observadores, nos sentimos parte de dicha interdependencia. Puede que sintamos la emoción de la paz, la felicidad, el amor, o el asombro. O puede que seamos conscientes de la estación y acudan a nuestro recuerdo las estaciones pasadas y venideras. Si uno es chamán, o psíquicamente sensible, es probable que pueda realizar un cambio interno más profundo y percibir las auras, o campos de energía, de todo lo presente, así como la interrelación de dichas fuerzas. Puede que logre conversar con las plantas, los animales y las piedras, o con el viento, el sol y el agua, compartiendo sus historias y sus secretos. Según la formación, experiencia y pericia de cada uno, podrá ser incluso consciente de los espíritus de la naturaleza y comunicarse con los mismos, o con la sobrealma o aumakua del propio prado. Sin moverse del lugar, puede que de pronto presencie una escena de hace cien años, de indios acampados después de una buena cacería, fumando sus pipas alrededor de la hoguera y dándole gracias al gran espíritu. Es incluso posible que se sienta como uno de ellos.
 
Los ejemplos precedentes de experiencias en el mundo subjetivo son posibles gracias al supuesto básico de dicho nivel, que sostiene que todo está interrelacionado, con el apoyo de los supuestos secundarios de que todo forma parte de un ciclo y de una transición, y de que todos los acontecimientos son sincrónicos.En el marco de referencias de este mundo, la telepatía y la clarividencia son hechos naturales, tan incuestionables como la acción de una palanca en el mundo objetivo. La comunicación mental, independientemente de la distancia y con todo cuanto existe, es posible gracias a que el mundo está interrelacionado. Se pueden experimentar emociones gracias a la conexión empática. Las auras son visibles y tangibles porque la energía es el vínculo que las enlaza. Se pueden conocer vidas pasadas y futuras porque la vida es cíclica y el tiempo sincrónico. La muerte, a este nivel, no es más que una transición, parte de un ciclo, mientras que en el mundo objetivo es un fin. Todo acerca de este nivel es cierto, pero, una vez más, sólo desde la perspectiva del mismo.

Ésta es la razón por la que a la gente orientada primordialmente hacia el mundo objetivo le resulta tan difícil aceptar la veracidad de los fenómenos psíquicos y las ciencias subjetivas como la astrología, y a aquéllos orientados primordialmente hacia el mundo subjetivo les es sumamente difícil explicar sus experiencias a sus amigos anclados en la objetividad.Ninguno de dichos mundos tiene sentido visto desde la perspectiva del otro. Si uno se limita a nacer y a morir, las vidas anteriores son patrañas. Si las estrellas están a tantísimos millones de kilómetros de la tierra, cualquier influencia es absurda. Por otra parte, si todo está interdependientemen te conectado, la tala indiscriminada de árboles para construir ciudades es un acto suicida, y si uno ha pertenecido a otra raza en una vida anterior, odiar dicha raza en la actualidad es pura hipocresía. La solución chamánica a dicho dilema se halla en el séptimo principio de Huna: “la eficacia es la medida de la verdad”. En lugar de intentar decidir cuál de estos puntos de vista es el correcto, el chamán adopta indistintamente el más eficaz y apropiado a cada objetivo curativo.

Los métodos curativos chamánicos a este nivel utilizan la sugestión telepática y las formas mentales, la acupuntura o la acupresión, así como el equilibrio, transferencia y movimiento de energía, ya sea manual o con la ayuda de instrumentos tales como cristales, y formas y pautas especiales de energía.Ike papakolu: el mundo simbólico

Nos encontramos una vez más en el prado, sólo que en esta ocasión dejamos volar la imaginación y en su claridad vemos nuestra propia loa al amor y a la vida, los árboles se convierten en representaciones de nuestra fuerza interna y máximas aspiraciones, los pájaros cantan promesas de alegría y los rayos del sol son la caricia de Dios en nuestro rostro. Uno se siente impregnado por la belleza del lugar y tan conmovido que, según la inclinación de cada uno, escribe inmediatamente un poema o pinta un cuadro para capturar aquella sensación. Ahora nos habremos trasladado a un conjunto mental dotado de su propio supuesto básico: todo es simbólico. Con una formación chamánica uno puede ir más allá y procurar discernir augurios orientadores en la formación de las nubes, de las hojas o de los pájaros en vuelo. O llevar a cabo un ritual que consagre el prado, convirtiéndolo en el mejor lugar de curación para futuros visitantes. Una progresión de ideas típicamente chamánica a este nivel es la de que, si todo es simbólico y los sueños son símbolos, esta realidad es también un sueño.Así pues, un aspecto de la pericia chamánica consiste en saber penetrar en los sueños y transformarlos.

Puede que a estas alturas alguien se pregunte ¿de qué es todo simbólico? y ¿a quién pertenece el sueño? En este nivel sería correcto afirmar que todo es simbólico de todo lo demás, pero esencialmente de quien lo percibe, y que el sueño es el sueño de todo cuanto existe, pero especialmente del sujeto. O, alternativamente, podríamos afirmar que en el nivel simbólico la totalidad de la experiencia personal del sujeto es un reflejo de sí mismo, incluida toda la gente y objetos que le rodean. Cambiar la experiencia de este nivel, supone que uno puede cambiar los símbolos, la interpretació n de los mismos o cambiarse a sí mismo, para que así cambie el reflejo.Los supuestos secundarios son los de que todo forma parte de un orden y existe en relación a otra cosa, y que todo significa lo que uno decide que signifique. Muchos investigadores científicos y teóricos matemáticos se aferran a este nivel, intentando descubrir pautas y relaciones significativas en la estructura aparente del universo, e ignorando con frecuencia el efecto que sobre su investigación provocan sus propias decisiones en cuanto a lo que es significativo, así como ignorando toda aplicación objetiva de su investigación. Para los chamanes, u otras personas simbólicamente sensibles, es útil darse cuenta de que las creencias se reflejan en el cuerpo y en las experiencias de la vida, y percibir la facilidad con que cambian las condiciones y las relaciones, cuando también cambian los conjuntos de creencias.
Los métodos de curación chamánicos -en este nivel- incluyen todos aquellos principios basados en la fe, las terapias verbales y de visualización (incluido el hipnotismo), las afirmaciones de programación neurolingüística, la orientación de imágenes, los placebos, los sueños, y el uso de amuletos y talismanes.
Ike papaba: el mundo holístico

En esta ocasión uno no está en el prado, sino que es el prado. Siente como la clorofila de las hojas convierte la luz en energía utilizable, al tiempo que sus propias raíces absorben elementos nutritivos de la tierra y ofrece encantado su néctar a la abeja que recoge el polen para compartirlo con otras flores. Como la abeja, disfruta libando el néctar y, sin pensarlo, sabe que parte del polen será compartido con otras abejas y que una buena cantidad será transportado a las extensiones de sí mismo en la colmena. Siente un cosquilleo en la garganta al emitir su canto de apareamiento y mueve las plumas de la cola para conservar el equilibrio sobre la rama de un pino al borde del prado, y como pino sabe que está al margen del prado, pero forma parte de lo que hace que el lugar sea lo que es.Esto no es más que una pequeñísima muestra de la experiencia a nivel holístico. En este caso el supuesto básico es que todo es uno. En términos prácticos, es el sentido de identidad de uno con uno mismo. La experiencia más profunda acostumbra a llamarlo “conciencia cósmica”, lo que supone un intento sumamente lamentable de describir una sensación de unicidad con el universo, esencialmente indefinible porque las palabras y el lenguaje son simplemente incapaces de contener dicha experiencia. Su rasgo más común y superficial consiste en la sensación de saber que uno existe. Descartes utilizó un enfoque simbólico muy de tercer nivel, para justificar dicha sensación de ser, cuando dijo: “Pienso, luego existo”. El enfoque objetivo podría ser “siento, luego existo”. Sin embargo, en el cuarto nivel holístico es probable que no logremos mejorar la definición de Popeye, que dijo: “Soy lo que soy y eso es todo lo que soy”.
En el mundo holístico no existe sensación alguna de distinción entre uno mismo y lo que sea con lo que uno se identifique como sí mismo. En la medida que uno es consciente de dicha identificació n, uno opera en el reino holístico, y en la medida que uno sea consciente de “lo demás” estará operando en otros reinos. Habremos podido comprobar que, en nuestra progresión de un mundo a otro, la sensación de separación -atributo bastante primordial y característico del mundo objetivo- decrece en el mundo subjetivo (una mayor sensación de conexión indica menor separación) y es todavía menor en el mundo simbólico (a pesar de que el nivel del reflejo todavía denota que se refleja algo ajeno). Una persona también puede ser holísticamente consciente de lo que se considera como “sí mismo”, al mismo tiempo que lo es no holísticamente de lo que aparece como “no sí mismo”. Así pues, el miembro de una tribu en África occidental puede identificarse holísticamente con su propia tribu (es decir, puede no tener un sentido de identidad personal, aparte de como componente de su tribu) y una visión completamente objetiva, separatista y hostil de otra tribu.
A pesar de que la identificació n holística es algo natural en la experiencia humana (mucha gente extiende normalmente su sentido de identidad a sus posesiones personales, a la familia, a la ciudad o a su país), se precisa una destreza considerable para poder penetrar y operar conscientemente en dicho mundo. Los actores y las actrices, cuya profesión emana de una antiquísima tradición chamánica, son los mejores practicantes conocidos de dicho arte en la actualidad. En la antigüedad, y hasta cierto punto hoy en día, los chamanes eran y son capaces de adoptar la identidad de animales, espíritus de la naturaleza y de ciertos arquetipos que aparecen bajo capa de dioses y diosas. En dicho estado de identificació n, adquieren las cualidades y los poderes de los entes en cuestión.
Al igual que un buen actor, normalmente tímido, puede interpretar convincentemente el papel de un héroe seguro de sí mismo con una mentalización adecuada, el chamán logra tener la fuerza de un oso o la sabiduría de un dios gracias a la contemplación y a una interpretació n tan perfecta del papel, que el papel le interpreta a él. Esto se desprende del supuesto secundario de este nivel, que sostiene que el saber engendra el ser.
“Realiza la obra y gozarás del poder”, ha dicho Emerson. A este nivel, existen esencialmente dos modos de curación chamánicos.
En primer lugar, existe la “canalización” , por medio de la cual se adopta, en mayor o menor grado, la identidad de alguien con mayores poderes de curación, o uno se identifica con un poder curativo superior, para actuar sobre alguien con fines curativos. En segundo lugar, existe un proceso que yo denomino “grokking and guiding”, por el que uno se identifica con la persona que debe ser curada, o se convierte en la misma, y entonces se cura a sí mismo. Ni que decir tiene que, para practicar con éxito este segundo método, hay que estar muy seguro de sí mismo. De lo contrario, uno puede sentirse tan perturbado por el estado del otro que se vea obligado a abandonar el nivel holístico sin poder operar con eficacia en el mismo, o bien olvida su auténtica identidad, adquiriendo los síntomas del otro sin llegar a ser capaz de curarse. Puede que las personas que sean fuertemente empáticas experimenten esto con frecuencia. Muchos terapeutas, por ejemplo, se identifican hasta tal punto con los problemas de sus pacientes o clientes que pasan a padecer las dolencias que intentan ayudar a curar. Por consiguiente, cuando les enseño a mis alumnos a curar en el nivel holístico, les recomiendo que limiten todo proceso de identificació n a un máximo de un noventa y nueve por ciento, de modo que el “uno por ciento de chamán” siempre pueda volver a la identidad de partida.
Desplazándose entre mundos

Cambiar de conjunto mental o desplazarse entre los diversos mundos plenamente consciente es un proceso sutil y delicado. Una aproximación a lo que entonces ocurre lo constituye la experiencia de observar esta página escrita. Uno puede leer las palabras y absorber la información, a continuación verificar los posibles errores tipográficos y ortográficos, luego fijarse en el cuerpo y estilo de impresión y en la calidad del papel, y por fin ser consciente de que esta página forma parte de un libro, en un lugar y un momento determinados. Lo único que habrá cambiado habrá sido la percepción, modificada a voluntad para variar la experiencia. En el desplazamiento entre los distintos mundos chamánicos el proceso es muy parecido. Lo único necesario para cambiar lo que uno se propone consiste en modificar los supuestos relacionados con dicho objetivo.
El mayor obstáculo, tanto para esto como para otras prácticas chamánicas, es la intromisión de análisis críticos procedentes de otros niveles. Es muy difícil practicar la telepatía, por ejemplo, si uno no deja de decirse a sí mismo que el tema psíquico es una tontería. Asimismo, la visualización no servirá de gran cosa si uno persiste en preguntarse: “¿me lo estoy inventando?” . De igual modo, es muy difícil ganarse honradamente la vida si uno se identifica a sí mismo como ser espiritual, e identifica el dinero como algo no espiritual. Para lograr desplazarse con facilidad y eficacia entre estos mundos es necesario poder practicar el abandono de los supuestos de cada mundo en particular, así como el análisis crítico que se desprende de los mismos, antes de entrar en el próximo. Con (muchísima) práctica, esto llega a convertirse en algo automático. Lo que sí ayuda enormemente es quererse a sí mismo sin reservas y confiar en el Dios que nos habita. Claro que esto sólo son buenos consejos, tanto para un chamán como para quien no lo es.
Gracias.Serge Kahili King
 
* Serge King es director de la Order of Huna International Kilauea, Hawaii. Adoptado y formado desde la infancia por un maestro chaman hawaiiano, ve al chamán desde una perspectiva polinesia como un “aventurero” , en contraste con el modelo “guerrero” de ptras tradiciones. Sus numerosas publicaciones incluyen Imagineering for Healt, Kahuna Healing y Mastering Your Hidden Self.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
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jueves, 13 de noviembre de 2014

¿ Civilización o Barbarie ?

¿ Civilización o Barbarie ?
Todos nosotros tenemos una idea más o menos definida de lo que significa “civilización”, un concepto que equiparamos a una sociedad compleja y avanzada como la actual, pero también con antiguas culturas que florecieron hace siglos y nos dejaron un esplendoroso legado. Si nos centramos particularmente en el ámbito de las ciencias sociales, se usa el término “civilización” para indicar un cierto estado de progreso o de cierto nivel de evolución social, cultural, política, económica y tecnológica que nos diferencia de las comunidades primitivas, tanto aquellas de tiempos remotos en que el hombre vivía en un estado de salvajismo o barbarie, como aquellas otras de la actualidad que se mantienen más o menos aisladas de esto que llamamos el “mundo moderno”. Ahora bien, hay que tener en cuenta que la palabra civilización también puede usarse con un sentido más amplio, referido al conjunto de ideas, conocimientos, concepciones, valores, instituciones o logros de una sociedad en un tiempo determinado. En el presente texto combinaremos ambos significados, pues ambos nos van a llevar a una misma conclusión.
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La Esfinge y las pirámides de Egipto, símbolos del arranque de la civilización
Esta idea de la civilización como cúspide del desarrollo humano ya viene de antiguo y está directamente relacionada con el nacimiento de las ciudades y de los estados[1], pero tomó sin duda un gran impulso con el triunfo del evolucionismo como teoría científica, que no sólo marco un antes y un después en las ciencias naturales, sino que impactó también de forma muy relevante en la historia, la arqueología y la antropología, esto es, en la propia explicación del devenir del hombre como “animal social”. De este modo, el pasado más lejano del hombre pasó de explicarse en términos míticos o religiosos a interpretarse en clave científica evolutiva, desde el origen del hombre —a partir de un antepasado primate— hasta el estallido civilizador que tuvo lugar hace más de 5.000 años en Mesopotamia y Egipto.
En efecto, desde el punto de vista histórico reconocemos que el hombre primitivo practicó el nomadismo durante muchos miles de años (y podríamos decir millones si vamos más allá del Homo sapiens), dedicándose simplemente a sobrevivir mediante la caza y la recolección. Posteriormente, hacia el final de la última Edad del Hielo (a partir del 10.000 antes de Cristo, aproximadamente) se produjo un cambio radical que consistió en una progresiva sedentarización de la población, al establecerse un cambio en la estrategia de supervivencia: aparte de cazar y recolectar, el hombre empezó a domesticar plantas y animales y se convirtió en agricultor y ganadero. Esto es lo que el insigne arqueólogo Gordon V. Childe denominó “revolución neolítica”. Así, tras un pocos milenios de comunidades neolíticas en varias zonas del mundo, arrancaron las primeras civilizaciones conocidas entre el 4000 y el 3000 a. C., primero en Mesopotamia y poco después en Egipto. Algunos siglos más tarde, la civilización surgió con fuerza en otros puntos del planeta, como el valle del Indo, China y finalmente el Nuevo Mundo. Este nuevo salto, cimentado en un fuerte crecimiento económico a partir del excedente de recursos, supuso el nacimiento de las ciudades, de los estados, de las instituciones y poderes centralizados, de la administración, de la escritura, del comercio a gran escala, de la especialización del trabajo y jerarquización de la sociedad y del progreso en la ciencia y la técnica.
Esta sería una visión rápida de lo que significó hace miles de años ese cambio de una existencia primitiva a un mundo complejo en que el hombre se vio catapultado a un bienestar material cada vez más grande, con un mayor control y explotación del entorno natural, hasta convertirlo a día de hoy casi en un entorno “artificial”. No hay duda de que cada nueva civilización recogió el testigo de las anteriores y lo amplió hacia nuevos horizontes. Mesopotamia y Egipto tuvieron su grandeza, pero luego vino la Grecia clásica con su democracia, su arte, su filosofía y su ciencia. Tras la Atenas de Pericles llegó la Roma de los césares, que difundió por todo el Mediterráneo y buena parte de Europa los logros de la civilización, en forma de arquitectura, ingeniería, literatura, leyes, comercio, etc. Del legado romano nació la civilización occidental, liderada por varias naciones europeas desde el Renacimiento, y que podemos considerar en este siglo XXI como la civilización por excelencia, pues llega a todos los rincones del planeta, marcando un estilo de vida prácticamente idéntico en la mayoría de países, si bien persisten múltiples tradiciones o culturas locales que mantienen una idiosincrasia propia, distante de lo que podríamos denominar “valores occidentales”.
Reconstrucción de la Roma Clásica
Reconstrucción de la Roma Clásica
Tras este repaso histórico, podríamos concluir que la civilización es el recorrido lógico del hombre desde un estadio de existencia prácticamente de mera subsistencia a una cultura compleja en la que los avances científicos y tecnológicos nos hacen la vida más fácil, con un constante avance o progreso de las condiciones de vida. Sin embargo, la primera pregunta que tendríamos que hacernos es si realmente podemos considerar que civilización y progreso son términos inseparables, por no decir casi sinónimos. No cabe duda de que el ideario evolucionista trasladó a las ciencias sociales el concepto de que el hombre “progresa” a lo largo de la historia y que hay sociedades y hombres superiores a otros, simplemente porque son civilizados, mientras que los que se quedan atrás son salvajes. En el siglo XIX, la antropología cultural puso las bases de la separación entre las culturas humanas: el salvajismo (los cazadores-recolectores), la barbarie (los campesinos y pastores) y la civilización (el hombre del medio urbano). De la misma manera, la arqueología y la historia se apresuraron a crear un sistema de “Edades” basadas en la tecnología y en la consecución de ciertos logros materiales, aparte de la lógica acumulación de conocimientos. En estos esquemas evolutivos lo más antiguo era lo más primitivo o lo más primitivo era lo más indeseable (especialmente desde la óptica del hombre blanco occidental).
Charles Darwin - Naturalista inglés que postuló la Teoría de la Evolución de las Especies
Charles Darwin – Naturalista inglés que postuló la Teoría de la Evolución de las Especies
Efectivamente, vemos que la visión occidental como centro del mundo fue la que impregnó el paradigma evolucionista, lo que en algunos momentos llegó a tener velados tintes de racismo o eurocentrismo hacia las sociedades o comunidades “no civilizadas”. En esta línea argumental, el evolucionismo cultural defiende el concepto de que el hombre avanza hacia un estadio superior, y que esta es la meta deseable a la que se debe conducir a todos los seres humanos. Dicho de otro modo, la civilización supone progreso, y cuanto mayor es el grado de civilización, mayor es el grado de progreso para todos. No obstante, no hay que olvidar que mucho antes de que el evolucionismo cultural expusiera sus argumentos, los occidentales (o todos los pueblos que se consideraban de una cultura superior) ya se dedicaban a imponer su civilización, por las buenas o por las malas, a todos aquellos salvajes que tenían un sistema de vida diferente. Esta imposición está bien documentada en contextos bien distintos y en cualquier parte del mundo, pues mientras la gran civilización azteca es motivo de admiración, también es bien sabido que se caracterizó por un fuerte imperialismo hacia sus vecinos y por los masivos sacrificios humanos que horrorizaron a los conquistadores. Y no menos horrorizados debían estar los conquistados en el continente americano, al ver el atropello, muerte, genocidio y esclavización a que fueron sometidos por los civilizados europeos.
Por lo tanto, podríamos afirmar que el evolucionismo biológico o cultural lo único que hizo fue poner un sello científico a una práctica o conducta que ya estaba bien asentada en los países civilizados que llevaban siglos expandiendo su poder por todo el globo. Y, dado que esto países difundían la civilización, todo estaba justificado, pues la civilización es progreso y es buena para todas las gentes, pese a que la tarea civilizadora está a menudo marcada por abusos y excesos sobre el salvaje o el menos civilizado. Efectivamente, la conquista civilizadora no ha sido un camino de rosas, sino que en la mayoría de casos ha implicado una conquista política y económica —frecuentemente por la fuerza de las armas— que ha cambiado formas de vida y ha creado nuevos males sobre otros supuestos males ya existentes. El eco de esta agresión civilizadora todavía se escucha a través del grito de resistencia de muchas comunidades indígenas en todo el planeta. Estos pueblos no ven apenas el beneficio de la civilización y sí la desgracia de la pérdida de sus creencias y modos de vida e incluso de su íntimo contacto con la Tierra, algo que ha enfrentado al hombre salvaje con el hombre civilizado desde hace siglos. Para ilustrar esta dicotomía basta recordar la famosa carta que el jefe indio Noah Sealth envió en 1854 al entonces presidente de los EE UU, Franklin Pierce, en que le expresaba que no podía venderle unas determinadas tierras, porque era el hombre el que pertenecía a la Tierra, y no al revés. Recuperemos ahora un fragmento significativo de dicha carta:
NATIVO.AM“¿Pero cómo podéis comprar o vender el cielo o el calor de la tierra? Esta idea nos resulta extraña. Si no somos dueños de la frescura del aire ni del fulgor de las aguas, ¿cómo podrán ustedes comprarlos? Cada parcela de esta tierra es sagrada para mi pueblo. Cada brillante mata de pino, cada grano de arena en las playas, cada gota de rocío en los bosques, cada altozano y hasta el sonido de cada insecto, es sagrada a la memoria y el pasado de mi pueblo. La savia que circula por las venas de los arboles lleva consigo las memorias de los pieles rojas. Los muertos del hombre blanco olvidan su país de origen cuando emprenden sus paseos entre las estrellas, en cambio nuestros muertos nunca pueden olvidar esta bondadosa tierra puesto que es la madre de los pieles rojas. Somos parte de la tierra y asimismo ella es parte de nosotros. Las flores perfumadas son nuestras hermanas; el venado, el caballo, la gran águila; estos son nuestros hermanos. Las escarpadas peñas, los húmedos prados, el calor del cuerpo del caballo y el hombre, todos pertenecemos a la misma familia.”
No hay que ser un experto antropólogo para que ver que esta visión del mundo tiene conceptos muy distintos de los del hombre occidental. Con todo, tampoco sería equilibrado idealizar un cierto “mito del buen salvaje” ni condenar tantas maravillas que ha creado la civilización como las obras de Platón, el Taj Mahal, los cuadros de Rembrandt o las óperas de Verdi. Sin embargo, lo que al final nos provoca un cierto desasosiego es que la civilización, que aparentemente se muestra como algo positivo y deseable, se presenta desde una perspectiva histórica como una extraña contradicción. Así, junto con los grandes logros de la civilización como los que acabamos de mencionar, tenemos una extensa crónica de negatividad civilizadora en forma de explotación, guerras, genocidios, intolerancia, miseria, corrupción, destrucción, persecuciones, etc. y no sólo del civilizado hacia el salvaje, sino muy en particular entre las naciones supuestamente civilizadas.
Paisaje urbano-industrial de la civilización moderna
Paisaje urbano-industrial de la civilización moderna
Si se admite que el hombre progresa, ¿cómo entendemos que el civilizado mundo del pasado siglo XX haya sufrido dos brutales guerras mundiales con millones de víctimas? ¿Son Hiroshima y Nagasaki símbolos de civilización? ¿Cómo un nación tan compleja y civilizada como la Alemania del siglo XX pudo caer en una barbarie moral como el nazismo? ¿Es la contaminación y explotación irracional del planeta una conducta civilizada? ¿Puede ser el civilizado y complejo sistema económico-financiero la solución de las tremendas crisis que él mismo crea? ¿Cómo la civilización mundial con tantos organismos internacionales se muestra incapaz de acabar con el hambre y la miseria en tantos países del Tercer Mundo? En definitiva, ¿cómo se puede hablar de civilización si la condición humana no ha mejorado sustancialmente desde el tiempo de los faraones y los emperadores romanos? La acumulación de conocimiento y de logros materiales no pueden justificar una evidente falta de progreso ético o espiritual como especie consciente. Una voz que resuena en nuestro interior nos dice que esto no puede ser civilización.
Ahora ya estamos llegando al meollo de la cuestión. Para acercarnos a una visión distinta del concepto de civilización, hemos de salir de nuestra mentalidad racional occidental y buscar otra forma de estudiar la existencia humana. Para el escritor y egiptólogo amateur John Anthony West, la civilización es algo radicalmente distinto a lo que se enseña en escuelas y universidades; en sus propias palabras:
Por civilización entiendo una sociedad organizada sobre la convicción de que la humanidad está en la Tierra con un propósito. En una civilización, los hombres están más preocupados por la vida interior que por las condiciones de la existencia cotidiana.(West, J.A. La serpiente celestial)
Ciertamente, West viene a tocar un punto clave y este no es otro que el sentido de la existencia humana más allá del mundo exterior que nos rodea, aquel que empieza en los límites de nuestra piel. A lo largo de los tiempos, los filósofos se han preguntado: ¿Quiénes somos? ¿De dónde venimos? y ¿A dónde vamos? Ni la historia como ciencia ni otras disciplinas han sido capaces de dar respuestas concretas a estas cuestiones. Para la visión evolucionista, no hay un orden ni una justificación ni un propósito definido, sino un azar que determina lo que existe en este Universo que percibimos por los sentidos. En este mundo, el hombre es un animal más, un ser físico muy próximo al chimpancé con el que compartimos un altísimo porcentaje de ADN. Sin embargo, no podemos negar que aparte de buscar alimento y refugio como otros seres vivos, el hombre se hace preguntas y busca respuestas sobre su existencia.
En este mundo civilizado de la satisfacción efímera, pensamos que disponer de un todo-terreno 4X4, de un teléfono móvil, de un i-pad, de un televisor en 3D o de tantas otras cosas suponen un estilo de vida muy superior al de un indígena del Amazonas. Esto es cierto, tenemos más cosas, pero no por ello somos más felices ni estamos más contentos con nuestras vidas. Por encima de las condiciones de vida materiales, seguimos muriendo como hace dos, tres o cinco mil años y nuestras vidas pasan por momentos de alegría y de pena. La civilización, como marco de la existencia humana en estos 5.000 años pasados, no ha podido dar respuestas en términos de conexión con nuestro ser interior ni ha podido acabar con los males que aquejan a nuestra especie.
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La sociedad materialista confunde el dinero con la felicidad
De hecho, los diferentes sistemas políticos, sociales y económicos o las sucesivas revoluciones más o menos radicales han aplicado aquello de “cambiarlo todo para que todo quede igual”, sin tocar el quid de la cuestión: transformar al hombre por dentro, para que ese cambio se proyecte en el mundo exterior. Este error se repitió en los supuestos mundos útopicos o felices imaginados por filósofos e intelectuales, que acabaron chocando con la dura realidad de los hechos. Así, la ideología socialista que debía liberar al hombre acabó condenándolo a una existencia materialista y opresiva, con la increíble paradoja de que la URSS, el país estandarte del socialismo, era un estado despótico y armado hasta los dientes, llegando a crear su propia política imperialista en todo el globo. Finalmente, la promesa de un cierto paraíso ha quedado limitada al terreno de la religión y las creencias, que venden la idea de que a este mundo se ha venido a sufrir y a ganarse la salvación… pero no aquí, sino en el más allá.
Las religiones buscan la salvación en algo externo al ser humano que no se encuentra en este plano de existencia.
Las religiones buscan la salvación en algo externo al ser humano.
Está claro pues que la civilización, en sus múltiples manifestaciones a lo largo del tiempo, ha fracasado a la hora de eliminar el egoísmo, el individualismo y la confrontación. Más bien, la llegada del capitalismo en los últimos siglos ha exacerbado estos rasgos hasta llegar al frenético consumismo actual y a la auténtica sinrazón de destruir toneladas de alimentos para que no bajen los precios en la bolsa o en los mercados mientras hay tanta gente pasándolo mal, y no sólo en los países más subdesarrollados. Desde este punto de vista, podríamos decir que la evolución de la civilización no ha ido por el camino correcto, pues no sólo no ha podido ofrecer una supuesta felicidad completa al hombre sino que ha sido incapaz de dar unas condiciones de vida dignas (y esto sí que es un factor puramente material) en muchos lugares del planeta, con una evidente situación de injusticia y agravio.
Por otra parte, si civilización también es el conjunto de conocimientos, valores, creencias o productos de una sociedad, no cabe duda de que estamos ante una realidad compleja y a veces incomprensible para el ciudadano medio, que se siente llevado por una marea que lo arrastra hacia no sé sabe bien qué destino. El mundo civilizado se nos presenta así como una fachada material portentosa y tecnológica detrás de la cual no hay nada, ya que carece de esos supuestos valores que las más altas instancias se empeñan en pregonar sin demasiado éxito, porque entrado ya el siglo XXI las contradicciones de la civilización son tan grandes que ya no hay nada que pueda taparlas ni dismularlas. En este contexto, un creciente sentimiento de apatía y desconcierto se apodera de la sociedad moderna, que no entiende cómo este complejo mundo un día da caramelos y otro los quita, mientras a muchas personas no les dada nada de nada, ni siquiera esperanza. Desgraciadamente, estos tiempos difíciles —caracterizados por tantas muestras de corrupción y desmesura generalizadas— no hacen más que provocan mayor estupor, cuando no abierta indignación.
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Unos tienen mucho y otros no tienen nada
Y una vez visto lo visto, tal vez ya va siendo hora de ejercer sin tapujos nuestro derecho a juzgar y rechazar el mundo civilizado por ser un mundo que atenta directamente contra la esencia moral del hombre. El problema más grave para este cambio es que el hombre moderno no tiene un referente alternativo a la civilización, y cree que la civilización, a pesar de todos sus males, es el rumbo correcto y que volver hacia atrás sería caer en la barbarie. Pero, ¿puede haber más barbarie, más o menos edulcorada, que la que vivimos en esta era? ¿Hemos de aceptar que la civilización tiene este altísimo precio? ¿Nos da igual todo lo que ocurre a nuestro alrededor mientras nosotros podamos vivir instalados en la comodidad? ¿No es esto más egoísmo e individualismo, algo que precisamente no es muy distintivo de los “salvajes” que aún viven en la selva?
En fin, no es cuestión de renunciar al conocimiento ni a los avances en la ciencia; se trata de dar un vuelco moral a cómo vivimos sobre el planeta, mediante una transformación de la conciencia, con el objetivo de vivir en armonía con nuestros semejantes y con nuestro entorno, poniendo por delante lo que realmente debería ser importante para el hombre. El día en que a nivel público y privado términos como amor al prójimo, dignidad, solidaridad, decencia, honradez, honestidad y generosidad sean la pauta de vida habitual, entonces podremos decir que estamos en el buen camino, en un mundo que quizás no precise de grandes urbes ni de ostentosos artefactos, pero que dará cohesión a la sociedad y sentido espiritual a nuestras vidas.
Xavier Bartlett
Licenciado en Prehistoria e Hª Antigua por la Universidad de Barcelona

lunes, 3 de noviembre de 2014

Meditación: mantram om mani padme jum.

Este video es una clase sobre el Mantran del buda de la compasión Avalokiteshvara: Om masi padme hum, en él se explica y se practica la meditación.


Es muy bueno recitar el mantra Om Mani Padme Hum, pero mientras lo haces debes estar pensando en su significado, porque el significado de las seis sílabas es grande y vasto.


Este Mantram es para despertar la intuición: OM MANI PADME JUM y se pronuncia así: OM MASI PADME YOM, es decir, silabeando cada letra así: OOOOMMMM MMMMAAAA SSSSIIII PPPPAAAADDDMMMEEE YOOOMMM y significa: "Yo estoy en ti y tú estáis en mí". Yo soy la joya del loto y en él permaneceré. Esta es una plegarla al Intimo. El es nuestro padre que está en secreto, nuestro espíritu individual, nuestro real "ser". En lenguaje cristiano Om masi padme yom, podría expresarse con la séptima frase que pronunció el Maestro en el Gólgota: "¡Padre mío, en tus manos encomiendo mi espíritu". Om masi padme yom, se debe pronunciar con el corazón, y sumergido en profundo recogimiento, adorando al "Intimo", amando al "Intimo", en meditación profunda. ... y así despertará la intuición, y el cristiano aprenderá a contar con su padre que está en secreto."