domingo, 4 de enero de 2015

Amaru es Anaconda (deidad)

SABIDURÍA EN EL CIELO Y LA TIERRA.

El dragón negro de Amaru en la representación de los indígenas del departamento Junín, Perú.
Amaru (en quechua: serpiente) o en aimara (con igual significado de serpiente): Katari, es el nombre de una deidad, representada como una serpiente alada, con ojos cristalinos, hocico rojizo,cabeza de llama, y una cola de pez.
Es una deidad que se relaciona con la economía de las aguas que riegan las tierras agrícolas, simbolizando la vitalidad del agua que permite la existencia del pueblo aimara. Así la deidad Amaru simboliza el agua que corre por los canales de irrigación, ríos y vertientes y que hacen posible que las semillas del cultivo se transformen en hortalizas. Además se dice que todo lo que compone la vida está escrito en las escamas del Amaru.
Su fiesta, se realiza en el mes de agosto, cuando se produce la limpieza de los canales de irrigación; siendo el jefe de familia quién oficia de celebrante. Los cultos de Amaru, Mallku y Pachamama son la formas más antiguas de celebración que los aimaras aún realizan en la actualidad.
La noción de Amaru o de Katari asociado a las aguas ha tenido mutaciones y, en cuanto a "serpiente voladora" (algo que por convergencia es similar a las deidades mesoamericanas Kukulkan o Quetzalcoatl) también simboliza a las exalaciones o rayos que caen del cielo (considerados muchas veces como fertilizadores de la tierra), de hecho el nombre quechua Túpac Amaru significa "Serpiente Ignea", "Serpiente de Fuego" con el sentido de rayo.
Los Amarus de Junín o Amaru Aranway son dos seres hermanos mitológicos que forman parte de un relato dentro del folclore del Departamento de Junín en el Perú.
En Tiwanaku (principal centro de culto y cultural aimara), en un qalawawa o monolito de piedra también se puede observar la figura de Amaru además de la de Mallku.
En Cusco, dentro de la cosmovision andina, el Amaru representa el comunicador del cielo y la tierra, primero como "Illapa" Rayo que va a la tierra luego como serpiente, agua, etc. Del Hanan Pacha (Mundo Celestial), pasa por el Kay Pacha (Mundo actual), al Ukhu pacha (Mundo Interno o madre Tierra). Siendo una Deidad mas mental tal como lo tenían los Chinos, Mayas-Aztecas. Su representación fue como una serpiente alada, pasando de un mundo a otro como gran comunicador de los dioses incas. (Yépez O. Pedro).


Fuente:wikipedia.org


 EL MITO DE AMARU

En la cosmología Inca, Amaru es Anaconda, la serpiente del agua. En su esencia van asociadas nociones centrales de esta cosmología, tales como ancestros, cielo, tierra, ríos, quebradas, lluvia, canales de riego, piedras, cuevas, fertilidad y procreación.

Distintas fuentes de cronistas mencionan la importancia de Amaru y su papel en la cosmología Inca.  Se indica que los Incas descienden de amarus y serpientes, siendo éstos, por lo tanto, considerados como ancestros de los Incas.

En un relato de Santacruz Pachacuti Yamqui[3] acerca de un acontecimiento milagroso ocurrido en la época del nacimiento del Amaru Topa, hijo de Pachacuti, nacido en Vilkas. Se refiere a la aparición en el cielo de un animal mitad dragón mitad serpiente, que viajó por el aire desde las montañas de Pachatusan sobre Yungaypampa hacia Senqa, delimitando de esta manera el Cuzco. Así a Amaru Topa Inka le fue dado no sólo su nombre por este evento, sino también las tierras que estuvieron asociadas al mismo. Estas tierras, ubicadas al norte del Cuzco tienen características importantes relacionadas con el concepto de amaru: siempre dan buena cosecha porque están permanentemente húmedas y están sobre la frontera entre Chinchaysuyu y Antisuyu. Esta última región (la más húmeda de los Andes) estaba relacionada con el culto a la serpiente.

Truenos, lluvia, agua y fertilidad

El concepto de Amaru está estrechamente vinculado con los conceptos de humedad y agua en todas sus formas: truenos que traen lluvia y su transformación en ríos que finalmente serán utilizados a través de canales de irrigación para fertilizar las tierras de cultivo. Las características de los ríos y quebradas, con sus formas lineales y ondulantes, bien pueden estar relacionadas con el concepto de Amaru, como una similitud con los movimientos y la forma de la serpiente. Lo mismo puede decirse de la similitud formal entre los rayos y los movimientos y formas de las serpientes.
Así, Amaru como ser mítico es concebido como la serpiente que vuela por los aires, causa truenos y rayos en las tormentas, trae agua del cielo bajo la forma de lluvia y se transforma en ríos y quebradas. De esta manera, dadas sus características, este ser une el cielo y la tierra, trayendo fertilidad.

Tomado de: Incas y españoles a la conquista simbólica del territorio Humahuaca: sitios, motivos rupestres y apropiación cultural del paisaje. Boletín del museo chileno de arte precolombino Vol. 11, N° 2, 2006, pp. 9-34, Santiago de Chile.

LA CRUZ Y LA SERPIENTE

La llegada de un Cristianismo agresivo e inflexible confirmaba que la sumisión de los pueblos andinos a sus nuevos soberanos coloniales seria reforzada por lo que ha sido llamado sugestivamente "la colonización del imaginario";  Así, el paso de la serpiente a través de las llamas fue interpretado según el simbolismo cristiano (la identificación de la serpiente con el Diablo), como parte de un proceso mas amplio, mediante el cual las manifestaciones indígenas de lo sobrenatural eran canalizadas hacia un nuevo discurso cristiano de lo diabólico. Pero, aunque tanto españoles como andinos reconocían la resonancia sagrada de esta historia, no le atribuían la misma significación: un símbolo religioso puede ser compartido por dos grupos de personas y, sin embargo, significar algo diferente para cada uno de ellos. La serpiente ha sido siempre un símbolo poderoso, tanto en la cultura andina como en la cultura europea. Pero, si para los cristianos la serpiente encarna las fuerzas del mal, para los andinos representa el AMARU, una fuerza destructiva surgida de las entrañas de la tierra en un intento de reconstruir la estabilidad cuando no se mantiene una relación de equilibrio en el universo social y natural. En consecuencia, según la lectura andina del acontecimiento citado, la manifestación del Amaru da fe, no de la derrota de las fuerzas satánicas sino, al contrario, de la revitalización del mundo sobrenatural nativo.

Pues, de igual manera que la sumisión de los nativos andinos al poder español no había destruido el entramado de la sociedad Indígena, tampoco la humillación de la religión tradicional por los emisarios del dios cristiano significó la aniquilación de lo sobrenatural andino. Ciertamente, la experiencia de la derrota trajo como consecuencia un desorden sin precedente dentro de la esfera nativa de lo espiritual; la serpiente no salió incólume de su paso a través de las llamas de la persecución cristiana. Pero tampoco quedó reducida a un humeante montón de cenizas. En efecto, la religión nativa quedé posicionada en relación al cristianismo en gran medida de igual manera que lo estaban los nativos de los Andes en relación a los españoles: subordinada pero no eliminada. Sin embargo, mientras que el sometimiento nativo al gobierno español no podía ser derrocado fácilmente, la esfera de lo sobrenatural podía suministrar un campo de batalla en el que los andinos podrían desafiar a sus opresores. De hecho, la respuesta de lo sobrenatural andino al reto del cristianismo iba a adoptar la forma de una compleja dicotomía de sumisión y resurgimiento.

Tomado de: Nicholas Griffiths: La cruz y la serpiente. La represión y el resurgimiento religioso en el Perú colonial, Fondo Editorial de P. U. Católica del Perú, lima, Perú, 1998.

Recopilación bibliográfica: Mijail Sarzosa, Facso.