Para todas las familias que han tenido que huir con lo puesto...
No hubo piedad para mi abuelo,
no la tuvo la tierra con su cuerpo partido.
Los Chulavitas vinieron como el hambre,
como el silencio que precede a los gritos.
Mi madre me cargaba en el exilio
de nuestra propia patria,
yo tenía tres años, tal vez cuatro,
y ya el miedo me andaba en las costillas
como un segundo esqueleto.
Caminamos con lo puesto.
Las fincas quedaron atrás como promesas rotas,
los caballos, las cosechas, los patios,
todo eso que era el mundo
se volvió polvo en el espejo retrovisor.
Jamundí nos recibió con otras manos,
Cali nos dio techo y también olvido,
porque uno aprende a vivir con las heridas
como quien aprende a caminar sin sombra.
Pero esto no es solo mío.
Esto es de las mujeres que cruzan el Darién
con un niño en el pecho y otro en la memoria.
Es de los campesinos de Myanmar, de Siria, de Guatemala,
es de los que huyen del hambre en Somalia,
de los que el río Bravo se tragó de madrugada.
Esto es de los padres de Ucrania
despidiendo a sus hijas en una estación de tren,
de los niños palestinos que aprenden a contar
por escombros en lugar de estrellas,
de los que cruzan el Mediterráneo en barcas de juguete,
de los que el desierto borra sin dejar nombre.
Porque la barbarie tiene muchos rostros
pero una sola firma:
la del que decide que otro no merece su tierra,
su pan, su lengua, su respiración.
Mi abuela Rosa Tulia reconstruyó desde el vacío.
Mi bisabuela Raquel vio la maldad de cerca
y aún así nos dijo: no rendirse.
Y yo hoy digo:
no hay familia en este planeta
que no guarde un éxodo en sus huesos,
una noche sin luna, una maleta rota,
un adiós que no terminó de decirse.
No hubo piedad para mi familia.
Pero mi familia no calla.
Y mientras uno hable
con la verdad en la boca,
la piedad será inútil,
porque lo que pedimos no es lástima:
es justicia, memoria, y un alto definitivo.
Que nunca se olvide.
Que nunca se repita.
En Colombia, en Gaza, en Ucrania, en Sudán,
en cada rincón donde a un niño de cuatro años
lo cargan mientras huye.
Armando Rodríguez Morales
Sobreviviente que no olvida
Hijo de una tierra que sigue pariendo exilios
DAHARA VIDYA...
Armando Rodriguez Morales.
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