«No hubo piedad para mi familia»
Por Armando Rodríguez Morales
Dedicatoria
A mi madre, Benilda Morales Duque, mujer valiente que me cargó en el exilio interno de nuestra propia tierra, y que nunca dejó de protegerme.
A mi abuela, Rosa Tulia Duque, mujer fuerte que tuvo que huir con lo puesto y reconstruir desde el vacío.
A mi bisabuela, Raquel, que alcanzó a ver la maldad de cerca y aún así nos enseñó a no rendirnos.
A todos mis tíos y tías, mis hermanos, mis primos y primas, víctimas de esa barbarie sin nombre.
A los que ya no están y a los que sobrevivieron con el corazón roto pero en pie.
Esta historia es de ustedes. Y por ustedes, no callo.
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Mi nombre es Armando Rodríguez Morales. Soy hijo de la violencia política en Colombia, de esa que no preguntaba edad ni condición, y que dejó pueblos enteros sembrados de dolor y silencio.
Mi abuelo materno se llamaba Jesús Morales. Fue uno de los hombres más ricos de Chinchiná y Manizales. Era liberal. Por eso lo mataron los Chulavitas.
No solo lo asesinaron: lo picaron por completo. No tuvieron compasión.
Yo era un niño de 3 o 4 años. A esa edad, uno no entiende bien qué es la muerte, pero entiende muy bien lo que es el miedo. Mi madre, Benilda Morales Duque, me cargaba mientras huíamos. Y nosotros vivimos con miedo. Toda mi familia tuvo que salir huyendo, con lo puesto, sin nada más que la ropa que llevábamos encima.
Caminamos hasta llegar al Valle del Cauca, específicamente a Jamundí y Cali. Allí tratamos de reconstruir lo que la barbarie había destruido.
Mi familia, los Morales Duque, también sufrió las consecuencias de una violencia que no nació del pueblo, sino que fue propiciada por los políticos de entonces. Los mismos que estaban obligados a protegernos. Y no lo hicieron.
Perdimos fincas que eran nuestro sustento. De un momento a otro, quedamos absolutamente sin nada.
Esta no es solo mi historia. Es la historia de miles de familias colombianas que aún hoy cargan con las heridas de una guerra que otros decidieron, otros financiaron y otros callaron.
Pero yo hablo. Por mi abuelo Jesús Morales. Por mi madre Benilda Morales Duque. Por mi abuela Rosa Tulia Duque. Por mi bisabuela Raquel. Por mis tíos, tías, hermanos, primos y primas. Por los que ya no están. Y por los niños de 3 o 4 años que hoy, en algún lugar de Colombia, también están huyendo con lo puesto.
Que nunca se olvide. Que nunca se repita.
Armando Rodríguez Morales
Un sobreviviente que no olvida

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