lunes, 5 de enero de 2026

“La conciencia no está en el cerebro; el cerebro está en la conciencia”.



Esta frase, pronunciada por el neurofisiólogo mexicano Jacobo Grinberg-Zylberbaum (1946-1994), condensa su revolucionaria visión de la realidad. Grinberg no fue un místico, sino un científico riguroso: psicólogo de formación, doctorado en el Brain Research Institute de Nueva York y fundador del Instituto Nacional para el Estudio de la Conciencia (INPEC) en 1987. Sin embargo, su búsqueda lo llevó a territorios que la ciencia tradicional evitaba.



Del laboratorio a la “cirugía psíquica”

A finales de los 70, Grinberg comenzó a estudiar fenómenos chamánicos. Su caso más emblemático fue Pachita (Bárbara Guerrero), una curandera que realizaba intervenciones quirúrgicas sin instrumentos, anestesia ni hemorragias visibles. Grinberg la observó durante un año, descartando fraude o sugestión. Concluyó que Pachita accedía a un campo informacional profundo que le permitía modificar la realidad física.


La Teoría Sintérgica: el universo como red holográfica

Esta experiencia lo llevó a formular la Teoría Sintérgica. Según Grinberg, existe una red fundamental de información, el “lattice” (enrejado), que contiene toda la información del universo. Nuestro cerebro no genera la realidad, sino que la sintoniza a partir de ese campo. La realidad que experimentamos sería, entonces, un “holograma neuronal” construido colectivamente. Fenómenos como la telepatía, la curación a distancia o los estados místicos serían manifestaciones de una interacción más coherente con el lattice.


Experimentos que anticiparon “The Matrix”

Grinberg diseñó experimentos para probar su teoría. En uno de ellos, dos personas meditaban juntas y luego eran aisladas en cámaras blindadas. Cuando una recibía flashes de luz, la otra mostraba la misma actividad cerebral en las mismas regiones y al mismo tiempo, a pesar de no recibir ningún estímulo. Este “potencial transferido” sugería que nuestras mentes están interconectadas a través del lattice, como si fuéramos nodos de una red universal. Estas ideas, desarrolladas años antes del estreno de The Matrix, anticipaban la noción de que la realidad es una construcción perceptual.


Un final abierto: la desaparición que lo convirtió en leyenda

El 8 de diciembre de 1994, pocos días antes de cumplir 48 años, Jacobo Grinberg salió de su casa y nunca más se supo de él. No hubo rastros, ni cuerpo, ni explicación. Su esposa también desapareció poco después, y las investigaciones no llegaron a una conclusión. Su caso sigue abierto, alimentando todo tipo de especulaciones.


La vigencia de un visionario

Hoy, cuando la física cuántica discute el papel del observador, la neurociencia explora los estados ampliados de conciencia y la cultura popular habla de realidades simuladas, las ideas de Grinberg resuenan con fuerza. Su legado, compuesto por más de 50 libros, nos invita a cuestionar lo que damos por hecho: ¿es la realidad algo fijo y externo, o una creación dinámica de nuestra conciencia colectiva?


¿Qué ocurre cuando alguien se acerca demasiado a comprender los secretos de la realidad? La vida y la desaparición de Jacobo Grinberg quizá sean la respuesta.



ARMANDO RODRIGUEZ MORALES

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sábado, 3 de enero de 2026

El Santuario Interior




Llega un día en que el alma, cansada de cargar armaduras, decide desvestirse de miradas ajenas. Ya no es la edad lo que importa, sino la profundidad de la mirada que vuelves hacia dentro. Descubres, por fin, que la libertad no es gritar tu verdad, sino vivirla sin necesidad de anunciarla.


Dejas de preocuparte por cómo te ven para ocuparte de cómo te sientes. La comodidad deja de ser un concepto físico y se vuelve una atmósfera del alma. Ya no buscas ser elegid@, porque has entendido que el único acto de elección trascendental es elegirte a ti mism@, todos los días, con ferocidad y ternura. Ese rumor de que el tiempo resta atractivo se desvanece ante la evidencia de que lo que realmente construye es presencia: una fuerza serena que emana de quien ya no lucha por un lugar en la mesa, porque ha construido su propio hogar dentro de sí.


Esto no es egoísmo. Es el acto más radical de cordura: entender que tu paz mental, tu tranquilidad y tu bienestar no son moneda de cambio. Son el altar donde todo lo demás debe inclinarse. Es el amor propio que ya no pide permiso.


Y desde ese lugar sagrado, aprendes el lenguaje más elocuente: el del silencio activo. Ya no explicas tu esencia, la encarnas. No justificas tus límites, los sostienes. Observas, comprendes la lección que cada situación trae y, si roba tu paz, simplemente te retiras. Sin dramáticos finales, sin portazos. Con la elegancia quieta de quien sabe que la paz no se discute, se custodia.


Te vuelves arquitect@ de tu propio santuario. El tiempo, tu bien más preciado, lo inviertes en lo que te nutre: conexiones que fluyen, silencios cómodos, la creación de un mundo interno tan vasto que el afuera pierde su poder para definirlo.


Al final, la verdadera trascendencia no está en lo que dejaste atrás, sino en lo que encontraste dentro: la fortaleza silenciosa de quien ha cambiado la aprobación por la autenticidad, el ruido por la claridad, y el miedo por una paz inquebrantable. Has cambiado el debate por la elección. Y en esa elección, resides, completo@, para siempre.


ARMANDO RODRIGUEZ MORALES

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